30 jun. 2019

Sobre el blog

A ver vayamos aclarando:

Yo no hago muchas traducciones, ni escribo casi nada, todo es y fue tomado de :
  1. El Blog de Escrito con Sangre
  2. Cárcel de Mujeres (Blog) (Que ya no existe)
  3. Periódicos de todo el mundo
  4. Muchos artículos son de Pilar Abeijón antropologa forense, su pagina era elarchivodelcrimen.net
  5. Taringa
  6. Escalofrio.net
  7. Terrorifico.es
  8. Pasarmierdo.net
  9. Asesinosseriales.net
  10. Adeguello.net
  11. Wikipedia
¿ESTAMOS? Si las traducciones están "mal" o con incoherencias no es mi problema, yo no las hago..... y es algo difícil encontrar algunos casos.

Pocos casos he traducido y escrito, no pongo "créditos", solo a quien realmente lo merece.

Por otro lado, Citen el blog! GRACIAS a De10.com.mx por citar el blog en 2 notas :)

30 abr. 2018

¿Por qué nace The Woman who Kill?

Hace ya más de 18 años, vi por primera vez un programa de tv llamado "Autopsia" ( No recuerdo si fue en Discovery o HBO), cuyo "host" era el Dr. Michael Baden (Señorón e ídolo personal, mis totales respetos) patólogo forense de la ciudad de Nueva York, quizá suene exagerado, pero mi vida se abrió a otro panorama, para mí fue un shock saber que, con un pedazo de un cuerpo humano, los patólogos forenses sabían el sexo, edad, altura, raza y hasta la manera en que fue asesinada la persona, además de que en ese episodio, hablaron de algunos asesinos seriales, lo primero que dije fue: WOW, yo quiero hacer eso de mi vida, pero las circunstancias, la flojera y la falta de interés en TODO, me llevo por otro camino y aunque estoy arrepentida de muchas decisiones estúpidas (escolares), solo pude hacerme "fan" del tema. Empecé a leer mucho sobre medicina forense, asesinos seriales, psicología criminal, etc, (aunque no entendiera ni la mitad de las cosas por el lenguaje tan especifico que se maneja en los libros) me era realmente curioso saber que había gente que por "X" cosa, asesinaba, mutilaba, torturaba a otra persona y no llegaba a tener arrepentimiento alguno. ¿Cómo es posible que este tipo de personas despierte una fascinación al grado del escándalo en millones de personas? ¿Qué tienen los asesinos seriales que algunas personas hasta llegan a imitarlos? ¿Será que son el reflejo de lo que tenemos en lo más recóndito de nuestro subconsciente y no nos atrevemos a hacer? Respondiendo a la última pregunta, al menos yo no me veo envenenando por largo tiempo a una persona solo por venganza.

El primer acercamiento al tema que nos concierne o sea el de las mujeres que matan al que tuve acceso fue la historia de Elizabeth Bathory, por otro lado, uno de los caso más "famosos" que leí y llamo mi atención fue el de Aileen Wuornos, en sí me "saco de onda" ya que son muy pocas las asesinas seriales y esta se desquito con sus víctimas (no es justificación, claro está). Recuerdo la noticia que dieron en Tv cuando Aileen terminaba su estancia en el corredor de la muerte y era ejecutada en Florida, Estados Unidos, también recuerdo muy bien cuando dieron la noticia de que la asesina Myra Hindley murió en su celda en Inglaterra el 15 de Noviembre del 2002. Internet me ha dado miles de horas para leer sobre el tema, cada día encontraba casos, páginas dedicadas al tema (como la extinta página Archivo del Crimen, que la autora y dueña del sitio era la Criminóloga Española Pilar Abeijon), así como páginas de fans idolatrando a todos los asesinos seriales y claro, escuchar a la banda de Death Metal, Macabre.

Algunos años después, me entere sobre el libro llamado Mujeres Asesinas de un tal Richard Glyn Jones,  lo busque en libros usados, nuevos, cadenas tipo Sanborns, en la red para leerlo y pues nada que lo encuentro (y sigo buscándolo, si alguien lo tiene no me enojaría que me lo regalaran jaja). Tiempo después, vi otro libro, (sí el más famoso y comercial), el  de la periodista argentina Marisa Grinstein "Mujeres asesinas", y luego supe lo de la serie tanto Argentina, como el estreno de la versión Mexicana, (Ya después me entere de las versiones Colombiana, Española, Ecuatoriana e Italiana), me pareció un tanto interesante el que se haya conjuntado en un libro casos de puras mujeres que matan. Debo ser honesta, el texto de Marisa Grinstein lo baje de la red (¡Gracias Internet!) y después compre el libro (me gusta tener los libros en formato original y no solo en pdf…. Cuando me gustan y los encuentro), ¿Qué puedo decir? La verdad el libro es un "asco" así como la serie, vayámonos por partes, diría Jack el destripador, no es que sea "horroroso" en el sentido de que este mal escrito, sino que, no entiendo ese afán de hacer quedar a las mujeres como "víctimas" y que "no les queda otra salida", además de que odio el toque dramático y tele novelesco que le dieron (al libro y a la serie), como para justificar y suavizar los casos expuestos en el libro. Las cosas deberían de ser crudas, como realmente pasaron. Existen otros libros que me interesan leer, Ellas Matan Mejor de Francisco Pérez Abellan (Criminólogo Español a quien también admiro mucho). Básicamente, este blog nació en "respuesta" a todos aquellos casos "suavizados" donde las mujeres quedan como casi mártires, "Es que el marido la golpeaba y la trataba mal" .. ¿Y por eso lo enveneno durante 3 años hasta verlo morir? Nada que víctimas, eso es venganza de alguien que es tremendamente calculador.

La historia, menciona a un puñado de mujeres que cometieron crímenes atroces,  la mayoría de las mujeres asesinas son metódicas, calculadoras, frías, letales y nada tienen de "victimas", solo basta con leer, ver e investigar sobre el asunto, muchas utilizan el veneno para cometer sus crímenes, sobre todo para asesinar a sus maridos por dinero o venganza. El Criminólogo forense (e ídolo personal) Robert K. Ressler creador del término de "asesino serial" ( y utilizado por primera vez en el caso de Ted Bundy), el Sr. Ressler parte desde Jack The Ripper y lo cataloga "el primer asesino serial de la historia moderna de los asesinos seriales", quien tenía en 1888 a todo Londres aterrado y a la policía buscando pistas como locos por todos lados desde la primera víctima, pero mucho antes de eso, entre 1880 y 1883, en Holanda, Maria Catherina Swanenburg asesino a 27 niños envenenándolos e intento envenenar a otros 50, aparte de asesinar a sus padres, con el mismo método y todo por un fin económico, en este ejemplo, nos queda claro que ni víctima ni nada, María lo hizo con la idea muy clara, ella siguió un patrón y las víctimas tenían similitudes entre sí, salvo sus padres.

Partiendo de este caso, nos queda claro que el veneno es el método más utilizado por las asesinas a todas se les atribuye el sobre nombre de "viudas negras", hay miles de casos de viudas negras en todo el mundo, desde el país más rico hasta el más pobre, Mary Ann Cotton asesino a sus cuatro esposos, once hijos y dos amantes, con veneno  mucho antes que lo hiciera Maria Catherina Swanenburg con los 27 niños que menciono anteriormente, un caso muy sonado fue el de la noruega Belle Gunnes, que desde 1900 ya estaba asesinando maridos, para cobrar el seguro de vida, Belle asesino a 4 maridos en Estados Unidos.  En 1920, (hasta donde mis conocimientos sobre el tema llegan), el primer caso de un grupo de 50 mujeres llamadas Las Fabricantes de Ángeles de Nagyrév, se "unieron" para asesinar a sus maridos, parientes y cuanta persona se les cruzaba en el camino, solo 8 de ellas fueron ejecutadas y expuestos sus cadáveres al público en Nagyrév, Hungria, podría enumerar cientos de nombres como Judi Buenoano, Pilar Prades Santamaría, Marie Besnard, Francisca Ballesteros, Yiya Murano (Es muy extraño que la hayan detenido el 27 de Abril de 1979 y en la calle México, allá en Buenos Aires, Argentina, Jaja es el día de mi nacimiento y soy Mexicana, Grande eres Yiya), Leonarda Cianciulli, Nannie Doss, Elfriede Blauensteiner, y la Reina del Veneno Lydia Sherman, si bien Kathryn Schoonover no logro su fin, esta mujer pudo haber sido la asesina serial más prolífica de la historia, al enviar bolsitas con cianuro por correo diciendo que eran "polvos milagrosos para adelgazar", sí, en su mayoría lo hacen por dinero, pero otras tantas ¿Lo harán por diversión? No creo que alguna lo haya hecho para " saber que se siente asesinar a alguien" ¿O sí?

Un cierto número de personas, vociferan que, los asesinatos sobre las parejas, son el "resultado" de la violencia que se ejerce sobre el género (cosa que sigo sin entender y sin creer,  cuando muchas aceptan que asesinaron a los maridos por los seguros, otras por irse con el amante, etc.), por otro lado tenemos a muchísimas más personas que simplemente NO pueden creer que una mujer, que es capaz de dar vida, le quite la vida a otra persona, y más si son sus hijos, no sé, quizá sea esa ridícula idea de que "un hijo es lo mejor que te puede pasar en la vida", y no por favor, no me salgan con estupideces tan retrogradas como "el negar la maternidad, es negar la femineidad", simplemente existimos mujeres que ni nacimos para ser madres y tenemos otras prioridades en la vida, y otras, la verdad no merecen serlo y mucho menos sin son capaces de "enfermar" a sus hijos con tal de llamar la atención, como las mujeres que padecen el Síndrome de Münchhausen por poderes. No se trata de "amores frustrados", ni de "una infancia caótica" y argumentos tan ridículos como " las madres que matan, necesitaron borrar las huellas de un amor perdido", no me hagan reír, las madres asesinas son egoístas, calculadoras y frías, otras lo hacen para "deshacerse" del estorbo (¿Verdad  Diana Downs y Claudia Mijangos?) y en muchos casos, solo por "darle en la torre" a la pareja, se aferran a la idea de que con eso los destruyen solo a ellos ¿Qué culpa tienen los niños de los problemas personales y de pareja?, nada justifica a personas como, Francisca González Navarro, Theresa Knorr, Andrea Yates (Y no, el marido no debe ser investigado, ni mucho menos salgan con argumentos estúpidos de que "está mal de la cabeza", Andrea sabe la diferencia entre el bien y el mal, y eso es más que suficiente) Susan Smith, Waneta Hoyt, Christina Marie Riggs, Marybeth Tinning, Elvira Cruz Luz y Diana Lumbrera, saben lo que hicieron y todavía tienen el descaro de llorar, decir que "no saben lo que estaban haciendo", que "lo hicieron porque no encontraron otra salida" y que están arrepentidas. Sí como no.

Algunas personas podrán decir que las mujeres NO somos tan "violentas" como los hombres, error señores, las mujeres podemos ser más violentas y letales que los hombres, si se basan en que las mujeres no matan a "golpes", algunas lo hacen con armas blancas (Lizzie Borden, Rosa Caviedes, Katherine Knight está ultima  apuñalo a su marido 37 veces), solo algunas llegan a descuartizar un cadáver y otras pocas con armas de fuego, muy aparte de que no hay muchas asesinas seriales tal cuales reglas o estatutos se manejan dentro de la criminología, la mayoría de casos expuestos en este blog, son de los millones de casos que salen a la luz día a día en cada rincón del planeta, que van desde niñas de 9 años hasta ancianas de más de 70 años, casos como los de Aileen Wuornos, Klara Mauerová, Beverly Gail Allitt, Gertrude Baniszweski, Kristen Gilbert, Dagmar Johanne Amalie Overbye, Mary Flora Bell, Sanna Sillanpää, Trinidad Ruíz Mares, Emilia Basil, Sara Aldrete,  Rose Lets, Brenda Ann Spencer, Pauline Parker y Juliet Hulme, Enriqueta Martí Ripollés, Karla Homolka, Jeanne Weber, Marie Fikáčková, hasta las Poquianchis (que dicho sea de paso, ni son asesinas seriales ni nada de eso, las Hermanas González Valenzuela solo son criminales que se dedicaban a la trata de blancas, porque a contrario de lo que la gente cree, las 4 hermanas jamás se mancharon las manos de sangre, y pues sí, son las "autoras intelectuales", para eso tenían personas que les hacían los trabajos) Griselda Blanco (La Reina de la coca, quien fue una despiadada y letal criminal), Dorothea Puente, Helen Golay y Olga Rutterschmidt, Charlene Gallego, Valerie Page Parashumti y Jessica Ellen Stasinowsky y un sinfín de etc.

No sé si la gente se escandaliza más por una mujer que asesina a sus hijos o niñas menos de 12 años que asesinan personas, un ejemplo claro sería el caso de Mary Flora Bell que a sus 11 años ya había asesinado a 2 pequeños de 3 y 4 años, Pilar Paredes que asesino a sus hermanos a la edad de 9 años, Natsumi Tsuji de 11 años, le corto la garganta a una de sus compañeras y si le seguimos, podríamos encontrar a niñas más pequeñas haciendo cosas de este tipo.


Tenemos de 3 sopas, las Viudas Negras, las "Medeas" (que son la mayoría) y el resto, las que asesinan con armas, atropellando a sus maridos, sinceramente no he leído que ninguna haya electrocutado a alguna víctima,  muy pocas son Caníbales (aunque no creo que lo hagan por "saber a qué sabe la carne humana", más bien siento que no se les ocurrió otra forma de deshacerse del cadáver) y cientos de leyendas, que si Trinidad Ruíz Mares realmente vendió tamales hechos con la carne de su ex pareja, a diferencia de Emilia Basil que sí hizo empanadas a su ex amante allá en Buenos Aires y las vendió en su pequeño restaurante de barrio,  es algo complicado llegar a entender, de manera neutral los porqués de que estas mujeres llegaron al límite y algunas se desquitaron con los críos, maridos y personas que no les hicieron nada. Algunas lo hicieron por desesperación, pero era más fácil mandar todo al carajo, o al menos así lo veo yo. Las mujeres asesinas, siempre estarán en la mira de todos, algunos seguirán insistiendo que son unas pobres victimas circunstanciales aunque cada vez los asesinatos, sean más brutales.  

10 dic. 2017

Melissa Ann Shepard



Melissa Ann Shepard no es tan inocente ni tan dulce como cualquiera –incluidas sus últimas parejas– podría pensar. Ella es mejor conocida como la “Viuda Negra de Internet”, una mujer que arrastra un historial delictivo que ahora preocupa a las autoridades canadienses.

A sus 80 años y luego de casi tres de permanecer tras las rejas por haber puesto droga en el café de Fred Weeks durante su luna de miel, la Viuda Negra quedó en libertad el 18 de marzo, y nadie sabe a ciencia cierta si irá en busca de una nueva víctima o si sus días terminarán sumidos en una completa calma.

“La Policía canadiense está alertando a los solteros pensionados sobre que no están del todo convencidos de que sus días salvajes (los de Melissa Ann) hayan quedado atrás y que deberían estar vigilantes de Shepard”, destacó esta semana el International Business Times.

Quizá una advertencia de este tipo le habría ahorrado un periodo de hospitalización a Weeks, además del tiempo invertido junto a una mujer en la que no podía confiar.

Cuando empezó su relación, Weeks jamás habría podido anticipar que estaba frente a quien la Policía de Halifax, Nueva Escocia, recién describió como “una delincuente con un alto riesgo de volver a cometer delitos”.

El expediente delictivo de Shepard se abrió en 1977, cuando comenzó a cumplir sentencias por más de 30 condenas distintas por fraude. La Viuda Negra de Internet estuvo en líos con la justicia hasta 1991 por dichos delitos.

Un año más tarde, Shepard fue condenada a seis años de cárcel por homicidio involuntario tras haber drogado a su segundo esposo, Gordon Stewart, y haberle pasado por encima dos veces con un carro. En aquel momento, la defensa alegó que su marido había intentado violarla y que ella actuó en defensa propia.

Shepard estuvo en prisión hasta 1994, cuando salió bajo libertad condicional. En ese mismo año, formó parte del documental Cuando las mujeres matan, producido por el Consejo Nacional de Cine de Canadá y que trataba sobre las víctimas de abuso doméstico que terminaron por atacar a sus parejas.

Años más tarde, la Viuda Negra vio en el mundo de las citas por Internet una oportunidad, y así conoció a quien días más tarde sería su tercer esposo, Robert Friedrich, de 83 años.

El hombre falleció en el 2001 por un paro cardíaco un año después de que se conocieron. Shepard no enfrentó cargos en esa ocasión, pese a que los hijos de Friedrich intentaron probar que la mujer le había suministrado una sobredosis de medicamentos que lo llevó a la muerte.

Según International Business Times, Shepard recibió decenas de miles de dólares como herencia, y así continuó con su vida.
La Viuda Negra usó el nombre Melissa Ann Friedrich en el sitio americancouples.com varios años atrás. Entonces, decía tener 66 años . Foto: Captura de pantalla

En el 2005, fue sentenciada a cinco años en prisión en Florida, luego de que se declarara culpable de siete cargos por falsificación y robo a Alex Strategos, a quien conoció por Internet.

Luego de concretar una cita, Shepard manejó desde Canadá hasta Florida y pronto se mudó a vivir con su nueva víctima. “Lo primero que pensé fue que parecía muy agradable”, relató a la BBC Strategos, hoy de 84 años.

El hombre asegura que Shepard le puso una sustancia en su helado y que le robó unos $20.000 durante las semanas en las que permanecieron juntos. “Me internaron en el hospital”, dijo Strategos. “Ella me envió allí”.

Shepard debió cumplir cinco años más de prisión y al salir, se mudó a una casa para jubilados en Canadá.

Una noche, la Viuda Negra tocó a la puerta de su vecino, Weeks, y le dijo que se sentía sola; él contestó que también se sentía solo y fue así como comenzó el último romance de Melissa Ann.

Se casaron por lo civil en la sala de Weeks y se marcharon de luna de miel a Terranova. Durante el viaje, la anciana le dio a su cuarto esposo una mezcla de los sedantes Lorazepam y Temazepam, lo que lo dejó incapacitado para conducir el auto e incluso hasta para amarrarse los zapatos.

Al llegar al hospital, el personal médico detectó drogas en su organismo y Shepard fue enviada de nuevo a prisión. Se suponía que estaría tras las rejas durante nueve meses más, pero un juez le concedió la libertad condicional.

Lo cierto es que Ann ya no podrá tener la vida normal de bajo perfil que solía llevar. Debe reportar cualquier nueva relación amorosa para que la Policía pueda informarle sobre su historial.

Además, la Viuda Negra ya no podrá tener actividad en redes sociales y ni siquiera puede poseer un dispositivo con acceso a Internet.

Amanda Taylor



Amanda Taylor llevó al límite su obsesión por su ex marido y por las redes sociales. Tanto, que no le importó contar cada detalle de su duelo tras el suicidio de Rex -así se llamaba el chico en cuestión- ni tampoco los entresijos de cómo mató a su propio ex suegro, Charles. La joven culpaba al anciano de la muerte de su pareja, por eso decidió acabar con su vida propinándole 31 puñaladas, hacerse un selfie y enviarlo a un amigo que gestionaba una web sobre asesinos en serie.

La autofoto como prueba del crimen puede suponer una nueva era para las investigaciones policiales. Lo cuenta el británico Mirror. La chica, de 24 años y natural de Ironto, acusaba a Charles de haber introducido a su hijo en el mundo de las drogas cuando el joven apenas contaba 15 años. Su adicción llevó a Rex a la depresión y finalmente al suicidio, algo que Amanda no pudo superar.

Eligió el día en que su ex pareja habría cumplido años, el 27 de marzo, para cometer su crimen y luego lo narró en su cuenta. "He apuñalado a mi suegro hasta la muerte porque él destruyó a mi marido", escribió para acompañar a un selfie junto al cuerpo sin vida de Charles. Su historia no quedó ahí. Amanda eligió poco después otra red social, Instagram, para subir una imagen del revólver con el que pretendía quitarse la vida, pero las autoridades lo impidieron al detenerla antes de cometer el suicidio.
La joven fue encarcelada y el pasado 12 de noviembre fue condenada a cadena perpetua por asesinato en primer grado. El tribunal reconocía los problemas familiares y psiquiátricos de la joven, pese a lo cual había tenido 2 hijos de 8 y 3 años junto a Rex.

Las imágenes de los pequeños continúan colgadas en su perfil de Instagram, que al mismo tiempo está repleto de imágenes cruentas. La cuenta sigue siendo actualizada por un administrador desde fuera de prisión que responde a las insistentes preguntas sobre el estado de Amanda y cuenta que la chica se encuentra en buen estado en la celda donde previsiblemente pasará el resto de su vida.

Logro desbloqueado del Blog: Bloqueadas en paginas de FEMINAZIS




Existen algunas personas que intentan desacreditar que existen los crímenes pasionales, un crimen pasional hace referencia, en el habla popular, a un delito en él que el perpetrador comete un crimen, especialmente un ataque o asesinato a causa de una repentina alteración de la conciencia, causada por sentimientos como los celos, la ira o el desengaño, y no es, por lo tanto, un crimen premeditado. El término tiene su origen en Francia (crime passionnel en francés) y es usualmente asociado a la historia de este país. Sin embargo, este tipo de crímenes existieron y siguen existiendo en la mayoría de las culturas.

Mi bien empoderada feminazi: Que nos hayas bloqueado en tu ridícula pagina, nos enorgullece bastante, eso quiere decir que no soportas que otra mujer que no este de acuerdo contigo  te diga tus verdades, te muestre la realidad y te haga saber que estas equivocada (Y dentro de eso, te diga en tu puta cara "ridícula, ¿Cómo que no hay mujeres violentas? XD lee por aquí cientos de casos de mujeres violentas) Anda, sigue pensando que el patriarcado tiene la culpa de que mujeres, niñas y ancianas, asesinen personas por dinero, fama, envidias y un montón de etc.


Yudelkis Alexandra Báez Casado

Yudelkis Alexandra BÁEZCondenan a 30 años mujer que mató pareja prendiéndoles fuego mientras dormían
Deyanira Polanco – Listindiario.com

6 de noviembre de 2007

El Tercer Tribunal Colegiado de la provincia Santo Domingo condenó a 30 años de prisión a la mujer que el pasado mes de marzo mató a su ex esposo y a la concubina de éste, que estaba embarazada, prendiéndole fuego a la habitación en la que dormían en su residencia del sector Los Tres Brazos.

En representación de la Fiscalía de la provincia Santo Domingo, el fiscal Adjunto Porfirio Estévez Mejía solicitó al juez del Darío Gómez la pena máxima para Yudelkis Alexandra Báez Casado, por la muerte de René de la Nuez y María Magdalena Jerez Cruz.

La tragedia se produjo el pasado 23 de marzo, en horas de la mañana, cuando la homicida llegó a la residencia donde dormían de la Nuez y Jerez, roció gasolina en la habitación y luego encendió un fósforo.

Testigos dieron cuenta que vieron a la agresora con una funda negra en las manos en donde presuntamente llevaba el combustible, así como que la vieron dirigirse hasta la residencia de los esposos.

Aunque la agresión se produjo el día 23 de marzo, la pareja permaneció en agonía una semana, María Magdalena Jerez Aruz, de 23 años, murió cerca de la medianoche del jueves 29 y René de la Nuez, de 28 años, la noche del 30 y sus restos fueron sepultados el día 31.

Yudelkis Alexandra había procreado tres hijos con De la Nuez y tan pronto cometió la agresión emprendió la huida permaneciendo varios días prófuga. Mientras que Jerez de la Cruz era madre de dos hijos, producto de una relación anterior, y, al momento de su muerte, tenía varias semanas de embarazo.

Cheryl Crane, hija de Lana Turner



Cheryl Crane, hija de Lana Turner
Leopoldest.blogspot.com



Cheryl Crane (1943) es la única hija de la célebre actriz Lana Turner. En su infancia vio pasar una serie infinita de novios, amantes y maridos por la cama de su madre. Pero la relación que Lana tuvo con el mafioso Johnny Stompanato marcó el resto de su vida.

La relación entre ambos era tempestuosa, ello unido a los celos patológicos del gángster y las altas dosis de alcohol que consumían llevó a una inesperada tragedia. Una noche Cheryl descubrió a su padrastro dándole una monumental paliza a su madre y le asestó varias puñaladas mortales con un cuchillo de cocina.

El juicio fue todo un espectáculo retransmitido en directo por TV. A pesar de no ser condenada, Lana siempre le echó por cara a su hija la perdida del amante. Esto causó en la adolescente un largo periplo por internados con la única protección de su abuela, mientras Lana siguió con su vida despendolada acumulando maridos y amantes.

Woody Allen llevó la historia al cine con el titulo de «September», dando el papel de Cheryl Crane a Mia Farrow. Pero en esta película no se cuenta la segunda parte de la biografía de la hija de Lana Turner.

Tras una etapa tormentosa, en la que llegó a ser detenida por posesión de marihuana, hizo pública su relación amorosa con Jocelyn «Josh» LeRoy. Curiosamente este hecho significó la reconciliación entre la madre y la hija. Lana Turner declaró que reconocía a Jocelyn como su propia hija.

En 1988 publicó «Mi vida con Lana Turner, Mi Madre» en la que cuenta su tormentosa relación con su madre, las circunstancias del apuñalamiento de su padrastro y los abusos sexuales sufridos por otro marido de su madre: Lex Baxter. Tras sufrir una masectomia por un cáncer de mama sigue viviendo con Jocelyn, con la que lleva casi 40 años unida.

Adriana Vasco



Mujer de Anaheim declarada culpable de contratar asesino
November 25, 2002

Una mujer fue declarada culpable de participar en una conspiración con un asesino a sueldo que concluyó con la muerte de un médico y su esposa en una carretera rural.

El jurado declaró culpable el lunes a Adriana Vasco de un cargo de homicidio en primer grado en la muerte de Carolyn Oppy-Stahl, de 44 años, y un cargo de homicidio en relación al fallecimiento del doctor Kenneth Stahl, de 57 años.

El jurado también encontró culpable a Vasco de las agravantes especiales de preparar una emboscada y de asesinato múltiple, lo que significa que podría ser condenada a cadena perpetua sin derecho a libertad condicional cuando sea sentenciada en enero.


El jurado rechazó un tercer agravante especial de asesinato para obtener ganancias monetarias.
La pareja de Huntington Beach fue asesinada a tiros el 20 de noviembre de 1999, en una carretera rural del condado de Orange.


Los fiscales dijeron que Vasco, de Anaheim, había sostenido una relación amorosa con Stahl y que juntos tramaron un plan para matar a su esposa, en lugar de enfrentar una amarga batalla por el divorcio.


Los fiscales afirmaron que Vasco, de 35 años, reclutó a Dennis Godley para que matara a Oppy-Stahl a cambio de 30.000 dólares.


Sin embargo, Godley, quien también ha sido acusado de asesinato, mató a Oppy-Stahl y luego disparó contra su esposo.


Pero durante el juicio, Vasco insistió en que fue manipulada para ayudar al doctor a orquestar el asesinato de su esposa, y que realmente nunca creyó que ocurriría


Andrea Sneiderman


DEKALB COUNTY, Georgia – Un juez sentenció Andrea Sneiderman a cinco años de prisión, menos el tiempo que ya estuvo en prisión, después que un jurado la encontró culpable de nueve cargos de los trece que pesaban en su contra incluyendo perjurio y falso testimonio a la policía, en la investigación de la muerte de su esposo Rusty Sneiderman.

El juez de la Corte Suprema de justicia del Condado de Dekalb, Gregory Adams, condenó a cinco años por cada cargo, pero al mismo tiempo mostró indulgencia al sentenciarla a solo cinco años en prisión.
Un gran jurado la declaro culpable a la viudad Andrea Sneiderman de mentir sobre un romance que tuvo con Hemy Neuman, el hombre que le quito la vida a tiros en noviembre del 2010 a Rusty Sneiderman, en las fueras de un jardín infantil del área de Dunwoody.

Andre Sneiderman tenia puesto los grilletes en los tobillos y el traje color naranja que indica que es prisionera, cuando se presento en el estrado para escuchar la sentencia del juez Gregory Adams.
Los abogados defensores de Sneiderman, se mostraron satisfechos al escuchar la sentencia, ya que el fiscal del Condado de Dekalb estaba pidiendo como mínimo 20 años de prisión para la acusada.

El abogado defensor Tom Clegg señaló que Sneiderman no tuvo ninguna participación en el asesinato de Rusty Sneiderman, trayendo a colación que otro personajes famosos como el ex presidente Bill Clinton y la estrella de béisbol Barry Bonds, tambien fueron acusados por perjurio.

Entre tanto Steve Sneiderman hermano del occiso, dijo que su cuñada ” Es un delincuente común, le mintió a su familia, ella le mintió a sus amigos, y le mintió a esposo Rusty “.

Los abogados de ambas partes no podrán hacer comentarios sobre la decisión que hizo el jurado este lunes.
Cuando Andrea Sneiderman escucho el veredicto, no mostró ninguna emoción.
Mientras que los sus padres y amigos que estaban sentados en la sala quedaron atónitos; Entre tanto al otro lado de la sala, se encontraba la familia de Rusty Sneiderman, los cuales mantuvieron sus emociones bajo control.

16 dic. 2016

Jennifer Pan - Wang



En 2010 la población de Toronto (Canadá) se vio sorprendida por un terrible acontecimiento. Una pareja de vietnamitas fue atacada dentro de su hogar, en lo que parecía un robo a su morada. La mujer murió y su marido quedó en estado crítico por un disparo en la cara.

Pero lo que realmente sorprendió de este caso, fue que la joven hija del matrimonio había ordenado la muerte de sus padres.

Ahora, toda la historia que conmocionó a Canadá ha quedado al descubierto mediante una carta que escribió Karen Ho, una compañera de la hija de la pareja.

A principios de 2015, el jurado la declaró culpable y fue condenada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional durante 25 años por los cargos de asesinato en primer grado e intento de homicidio. Junto con ella, se condenaron a otras tres personas: Lenford Crawford, David Mylvaganam y Daniel Wong, el novio de la joven.

BAJO UN DISFRAZ

Jennifer Pan parecía la hija perfecta. Se disfrazaba de estudiante modelo de una escuela católica y aún debajo su máscara, fingió ser una excelente graduada universitaria, licenciada en farmacología. Sus padres, Bich Ha y Huei Hann Pan, se sentían muy orgullosos de la pequeña.

Pero lo que no sabían, todavía, era que su historia de amor paternofilial no era más que un montón de mentiras que iban a acabar con su familia.

Los padres de Jennifer eran empleados de una fábrica de manufacturas. Ellos dos, antiguos refugiados de Vietnam en Canadá, llevaban una vida austera y trabajaban duro para asegurarse de que sus dos hijos tuvieran una vida con mejores posibilidades que las suyas. Valoraban mucho la educación, por lo que siempre fueron, en ese aspecto, estrictos con Jennifer y su hijo menor, Felix.

Pero Jennifer era todo lo que unos padres pueden desear.

PRESIONADA PARA SER PERFECTA

De niña, ella tomaba lecciones de piano y de patinaje artístico. Tenía el sueño de llegar a competir en las Olimpiadas, pero tuvo que dejar este deporte a causa de una lesión en un ligamiento de la pierna.

También tenía conocimientos en artes marciales, era una gran nadadora y la mejor en todas las actividades extracurriculares en las que participaba. Sacaba buenas notas y era una estudiante aplicada.

Cuando llegó a la adolescencia, sus padres le prohibieron salir de fiesta o tener citas. Lo primordial eran sus estudios.

La presión era una constante en la vida de Jennifer y no podía lidiar con las exigencias de su familia.

EMPIEZAN LAS MENTIRAS

En octavo todos sus esfuerzos para convertirse en la mejor estudiante de su curso no fueron suficientes. Desde ese momento, las cosas no empezaron a irle bien en el colegio a Jennifer. Empezó a vivir una doble vida, llena de engaños.
Fue Karen K. Ho, una amiga de la familia y compañera de clase de Jennifer quién reveló, en un artículo para Toronto Life, la red de mentiras que Jennifer había tejido y en la que vivía; la que terminaría por destruir a su familia.

Sus mentiras empezaron con falsificaciones de notas. Mientras sus padres creían que su hija sacaba notas de matrícula, Jennifer era alentada por sus profesores por su repentino bajo rendimiento.

RED DE MENTIRAS DESMEDIDA

Más adelante, también ocultó su relación con Daniel Wong, porque sus padres no iban a aceptarle.

Luego cuando no pudo graduarse de la secundaria ni ir a la universidad por no haber aprobado una materia, Pan construyó una historia ficticia para que sus padres no se enteraran del problema. Al parecer, Jennifer había recibido una aceptación anticipada de la universidad de Ryerson, pero al no poder graduarse, la universidad retiró su oferta.

Pan le explicó a sus padres que comenzaría la universidad en el otoño. Su (falso) plan era hacer dos años de ciencias, y luego transferirse a la Universidad para estudiar farmacología, que era lo que quería su padre. En septiembre, ella fingió asistir durante semanas a la universidad. Cuando llegó el momento de pagar la matrícula, alteró algunos documentos y convenció a su padre que tenía una beca de 3 mil dólares.

CASTIGO CATALIZADOR

Después de 2 años, los padres de la joven empezaron a sospechar del engaño de su hija. Su última mentira fue que había encontrado trabajo en un hospital. Sus padres la siguieron y descubrieron todo lo que Jennifer llevaba ocultando durante años.
El castigo fue muy duro. Ella misma lo comparó con un "arresto domiciliario": le prohibieron salir de casa indefinidamente, le quitaron el teléfono móvil y el portátil y tampoco podía ver a su novio. El control de sus padres sobre ella creció exponencialmente.

Su ruptura con Wong fue el catalizador de todo.

PAGÓ 10.000 DÓLARES

En 2010, Jennifer se reencontró con su antiguo compañero de la escuela primaria, Andrew Montemayor. Junto con él y otro amigo, Ricardo Duncan, Jennifer empezó a pensar cómo deshacerse de sus padres. Pero el asesinato no se le pasó por la cabeza hasta que retomó su relación con Daniel Wong.

Él le consiguió un nuevo teléfono móvil y le pasó el contacto de Lenford Crawford, alias 'Homeboy'. A cambio de 10.000 dólares él se ofrecía a asesinar a sus padres.

A medida que el plan tomaba forma, Daniel rompió de nuevo su relación con Jennifer.

LA PRESIÓN QUE DISPARÓ EL ARMA

La noche del 8 de noviembre, Lenord Crawford, junto con sus dos cómplices, David Mylvaganam y Eric Carty, entraron al hogar de la pareja y dispararon tres veces a Bich, que cayó muerta instantáneamente. Hann recibió dos tiros, uno de ellos en la cabeza y le dejó en coma. Antes de dispararles, les ataron y les cubrieron la cabeza.

Al principio, la policía creyó que se trataba de un robo a mano armada. Pero a medida que las investigaciones avanzaban, Jennifer Pan, se convirtió en la principal sospechosa ya que su testimonio no cuadraba, tal y como explicó el detective de la Policía Regional de York, William Courtice, que estaba al mando de la investigación.

La joven contó a la policía que tres hombres entraron en su casa y la ataron antes de disparar a sus padres.

LA VERSIÓN NO CUADRA

Las sospechas de Courtice hacia Jennifer se hicieron más tangibles cuando los médicos informaron que el padre iba a sobrevivir y el miedo se apoderó de ella. Cuando, una semana después del asesinato, Hann Pan pudo testificar, su testimonio no tenía nada que ver con el relato que la joven contó a la policía.

Fueron los conocidos de la joven, quienes finalmente la delataron, declarando que sospechaban de ella, igual que la policía. Finalmente, encontraron a los hombres que contrató para perpetrar el asesinato.

El juicio por asesinato empezó en 2014 y duró 10 meses. Ella negó los cargos, aunque admitió en el estrado que había planeado contratar a alguien para que cometiera el crimen por ella, pero le robaron el dinero. Aseguró que no conocía a los tres hombres que entraron en su casa.

Cuando se dio a conocer el veredicto, Jennifer no mostró ningún tipo de emoción.

EL FINAL DE MUCHAS VIDAS

La defensa de Wong y Crawford sostienen que ninguno de ellos estuvo en la residencia de los Pan la noche del asesinato, pero se les acusa de haber actuado de intermediarios con quién efectuó los disparos. El abogado de Mylvaganam también niega que su cliente fuera el tirador.


Hann Pan no asistió al juicio, pero escribió una carta en la que decía que a pesar de haber sobrevivido, él sentía "que había muerto esa noche". "Ese día perdí a mi mujer y también perdí a mi hija", escribió.

25 mar. 2016

Evelyn Dick





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Una zona densamente poblada de árboles y próxima al hermoso lugar de Albion Falls constituía el lugar ideal para que los niños hicieran una excursión campestre; pero aquel bosque era también el sitio perfecto para deshacerse de un cadáver.

La mañana del sábado 16 de marzo de 1946, cinco muchachos decidieron aprovechar el tiempo primaveral para disfrutar de una excursión campestre. Tomaron el autobús en Albion Falls, un lugar célebre por su belleza, situado a unos pocos kilómetros de Hamilton (Ontario, Canadá), ciudad en la que residían. Se trataba de una zona famosa por sus montañas pobladas de árboles y por las impresionantes vistas que se divisaban desde los barrancos.

Mientras recorrían el campo, los muchachos iban observándolo todo con un telescopio de juguete; hasta que de pronto uno de ellos descubrió en una loma algo parecido a un cerdo decapitado. Impulsados por una natural curiosidad, se acercaron un poco más y se encontraron con que se trataba del torso de un hombre enterrado entre un montón de ramas y hojas. Rápidamente los niños salieron corriendo en busca de ayuda.

El examen preliminar del cadáver reveló que le habían cortado los brazos y las piernas por debajo de las articulaciones, con ayuda de una sierra; la cuchillada que le cruzaba el abdomen indicaba el intento -fallido- de cortarlo en dos. El forense, doctor Deadman, confirmaría más tarde que la operación de descuartizamiento mostraba signos de haberse realizado precipitadamente y con el empleo de más fuerza que pericia.

El torso no llevaba más que la ropa interior y presentaba en el pecho dos heridas de arma de fuego causadas, según Deadman, por varias balas del calibre 32 que no parecían haber resultado mortales. Como no disponían de la cabeza de la víctima, no se pudo confirmar la causa de la muerte. La ausencia de sangre, sin embargo, señalaba claramente que aquella atrocidad se había cometido en algún otro sitio y que antes de deshacerse del cadáver lo habían desangrado.

El 17 de marzo encontraron una camisa ensangrentada en una carretera próxima al lugar del hallazgo del torso. La policía creía entonces estar a punto de identificar el torso, especialmente después de recibir una llamada de un tal Alexander Kammerer quien, preocupado, les informó de la desaparición de su primo, John Dick, ocurrida el 6 de marzo. La descripción que proporcionó de éste se acercaba mucho a las características del cadáver.

El interés de los detectives aumentó aún más cuando Kammerer les explicó por qué había tardado tanto en denunciar la desaparición de su pariente. Cinco meses antes, John Dick se había casado con una mujer mucho más joven que él llamada Evelyn; pero el matrimonio se fue a pique casi de inmediato y la pareja se separó en Navidad. Dick se fue a vivir con los Kammerer y cuando les dejó supusieron que había vuelto a casa para intentar arreglar las cosas. Pero los policías no pensaban lo mismo: ahora no sólo le habían puesto un nombre al torso, sino que contaban también con un móvil para el asesinato.

No perdieron un solo momento en ponerse en contacto con Evelyn, la esposa del hombre fallecido. El 19 de marzo la condujeron a la comisaría para someterla a un interrogatorio. Se hizo cargo de la entrevista el inspector Wood, quien, desgraciadamente, comenzó a interrogarla sin aguardar a que estuviera presente otro oficial para hacer un informe de la conversación. Esta sería una de las muchas irregularidades que causarían más de un problema judicial cuando el caso se llevó ante los tribunales.

En principio no parecía podérsele objetar nada a Evelyn, quien ofreció una desolada visión de su matrimonio. Sus padres se habían opuesto a que se casara con Dick, por lo que tuvo que adoptar un nombre falso para la ceremonia, haciéndose pasar por una viuda llamada «Evelyn White». Casi de inmediato comenzaron las discusiones entre los recién casados, quienes se peleaban constantemente por cuestiones de dinero, y en particular por la propiedad de la casa de Carrick Avenue, registrada a nombre de Evelyn. Además, uno y otro cometían frecuentes infidelidades. (De hecho, y aunque su marido lo ignoraba, Evelyn trabajaba como prostituta.) Ella misma sugirió que probablemente John había sido amenazado por algún marido celoso después de una de sus escapadas extra-matrimoniales.

Evelyn explicó esta teoría aún con más detalles. El 6 de marzo -declaró- alquiló un coche para ir de compras. Al volver a casa recibió la llamada de un gánster, quien le comunicó que un marido furioso le había contratado para vengarse de su esposo. El mafioso insistió en entrevistarse con Evelyn. Cuando ésta acudió a la cita, el hombre la estaba esperando con un enorme saco que contenía el torso de su marido. Aterrada, obedeció sus órdenes y lo condujo hasta un lugar de las montañas, donde abandonaron los restos de John Dick.

Se trataba de una historia absurda y completamente inconsistente. ¿Para qué iba a querer el criminal entrevistarse con ella, en lugar de limitarse a deshacerse del cadáver por sus propios medios? ¿Y por qué Evelyn no se había puesto en contacto con la policía después de recibir la llamada telefónica? Y, por último, ¿no era una increíble coincidencia que el asesino la citara precisamente el mismo día que ella alquiló el Packard?

La policía entonces invitó a Evelyn a enseñarles dónde habían abandonado el cadáver. En compañía del inspector Wood y del detective sargento Preston, ella les condujo directamente hasta Albion Falls. Después, la policía la arrestó y se la detuvo acusada de vagancia -se trataba de un tecnicismo que les permitía mantenerla bajo custodia hasta completar las pesquisas-.

Los detectives localizaron el automóvil alquilado por la mujer, en cuya tapicería encontraron algunas huellas de sangre que correspondían al grupo sanguíneo del hombre fallecido. También encontraron un jersey azul, lleno de manchas, que Evelyn había dejado en el coche y que encajaba con la descripción de una de las prendas que llevaba Dick el día de la desaparición.

Se realizaron algunos registros, tanto en casa de Evelyn como en la de sus padres. En la primera, los detectives descubrieron el uniforme y la máquina de picar billetes que John usaba en su trabajo de conductor de tranvías: un hallazgo sorprendente, teniendo en cuenta que ya no vivía en aquella casa.

Donald MacLean, padre de Evelyn, trabajaba para la misma compañía de transportes, y en su domicilio de Rosslyn Avenue la policía encontró en un escondrijo varios billetes usados, junto con 4.400 dólares en efectivo. Al parecer, MacLean se había dedicado a estafar a sus jefes de modo sistemático. Durante el registro se encontró también un par de zapatos manchados de sangre; una sierra y un cuchillo de carnicero, que muy bien podían ser los utilizados para descuartizar el cadáver; y un revólver del calibre 32 con el que probablemente se habían efectuado las heridas de bala que ofrecía el torso.

Pero el descubrimiento más siniestro tuvo lugar en Carrick Avenue, en casa de Evelyn Dick. El 21 de marzo, en el sótano, encontraron algunas cenizas dentro de un cesto en la entrada del garaje. Después de un atento examen se aislaron varios fragmentos de huesos y dientes, y el forense confirmó que procedían de un cráneo, de unas rótulas y de una mandíbula humana. No había, sin embargo, ningún fragmento de hueso perteneciente a un torso, lo cual apoyaba la teoría de que las cenizas eran los restos de los miembros y la cabeza de John Dick.

La atención de los detectives se centró también en una maleta que había en el ático. Y en ella, debajo de varias piezas de tela, encontraron una bolsa de la compra llena de cemento. La policía lo picó cuidadosamente y halló el cadáver descompuesto de un recién nacido, que más tarde identificarían como Peter, con un trozo de cuerda alrededor del cuello. El anuncio de que en casa de Evelyn Dick se había descubierto a un niño muerto causó auténtica sensación. Toda la atención de la prensa se centró entonces en la atractiva viuda y en su amante, Bill Bohozuk, a quien los periodistas, aludiendo a su deporte favorito, apodaron «el fornido remero».

La policía albergaba sentimientos contradictorios acerca de toda aquella publicidad. Por un lado, estaban convencidos de que en Evelyn, Bohozuk y los MacLean tenían a los culpables de ambos asesinatos. Pero, a pesar de la enorme cantidad de pruebas circunstanciales que habían conseguido reunir, carecían de otras que fueran irrefutables.

Pero esperaban que fuera la misma Evelyn quien acabara desatándose. Desde la primera entrevista, ésta se había mostrado extrañamente deseosa de hablar con la policía. Pero, cada vez que surgía una nueva prueba, Evelyn cambiaba su versión con increíble habilidad.

La primera modificación se produjo el 20 de marzo, cuando a Bill Bohozuk se le sometió a un interrogatorio; entonces, Evelyn Dick, voluntariamente, proporcionó la información de que entre él y su marido existía una profunda enemistad. Y declaró que su amante le había pedido prestados 200 dólares para contratar a un asesino.

Después de la aparición de las cenizas, volvió a modificar su relato y dijo que era el asesino a sueldo quien había alquilado el Packard, en el que llevó hasta su propia casa las ropas de John. También admitió que el cadáver del pequeño era el de su hijo, pero culpó a Bohozuk de su muerte, y dijo que éste se lo había llevado después de que ella saliera de la clínica de maternidad «para estrangularlo rodeándole el cuello con una manta».

La última versión de los hechos la dio Evelyn el 12 de abril. Entonces negó que existiera ningún asesino a sueldo e insistió en que fue su amante el autor de los crímenes, mientras que ella se limitaba a observarle. Enseguida se dio paso a una nueva reconstrucción del asesinato. Evelyn condujo a la policía hasta un polvoriento y solitario camino situado en medio de las montañas. Allí -declaró- Bohozuk disparó tres veces contra su esposo, alcanzándole en el ojo derecho, en la nuca y en el pecho.

Evelyn involucró también en el crimen a su padre, quien según ella le prestó a Bohozuk el arma asesina. Le acusó además de haber quemado los miembros de su marido en la estufa de Rosslyn Avenue. Inmediatamente la policía acusó a los padres de Evelyn y a Bohozuk -aparte, por supuesto, de a la propia Evelyn- del asesinato de John Dick. Y contra la señora Dick y contra su amante se formularía además el cargo de asesinato del pequeño Peter.

*****

El asesinato de Peter
El niño asesinado que la policía encontró dentro de una maleta, era Peter MacLean, el tercero de los hijos de Evelyn Dick. Durante el embarazo ésta se «inventó» un marido, Norman J. White, a su vez padre del niño, y continuó con aquella ficción las otras dos ocasiones. Cuando nació Peter, el 5 de septiembre de 1941, Evelyn vivía en Rosslyn Avenue con sus padres, a quienes la idea de un tercer nieto no agradaba demasiado. Donald MacLean se negó a acogerlo en su casa, por lo que Evelyn accedió a entregarlo en adopción a través de la Asociación de Ayuda Infantil. Después del 15 de septiembre, fecha en que la madre salió del hospital, nunca más se volvió a ver a la criatura.

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ANTE EL TRIBUNAL – Un espectáculo increíble
Miles de personas hicieron largas colas para contemplar a la bella asesina autora de hechos tan «antinaturales»: no sólo había descuartizado el cadáver de su marido, sino que, después de matar a sangre fría a su hijo recién nacido, lo enterró en un saco de cemento.

El juicio por el asesinato de John Dick se celebró en Ontario durante las sesiones judiciales de otoño. La fiscalía decidió juzgar por separado a Evelyn, Bohozuk y MacLean; el juicio de la primera, presidido por el juez Barlow, se inició en Hamilton el 7 de octubre. Timothy Rigney representaba a la acusación, mientras que John Sullivan se encargaba de la defensa.

El proceso atrajo desde el principio un enorme interés por parte del público. Una multitud formada por trescientos espectadores se apiñaba delante de la cárcel para ver a la acusada cuando ésta salía hacia el juzgado, mientras que en la sala llegaron a reunirse unas mil personas. También la prensa se sentía fascinada por el asunto. Aquella elegante morena siempre ofrecía un tema del que hablar y, desde su primera aparición ante el tribunal, vestida con «un sombrerito negro y un abrigo de piel gris», los comentarios acerca de los modelos que exhibía se convirtieron en ingrediente habitual de los reportajes de la prensa.

En cuanto el ritmo del juicio parecía disminuir, la atención de los periodistas se centraba en Evelyn. Estos daban cuenta del peso que había ganado mientras estaba detenida, de cómo jugueteaba nerviosamente con los zapatos nuevos, mientras se presentaban las pruebas de la camisa ensangrentada de su marido; o hacían comentarios sobre las interminables notas que tomaba y los constantes garabatos.

También los guardias que la acompañaban fueron exhaustivamente entrevistados. Uno de ellos contó a los periodistas que «se pasaba todo el día canturreando y sonriendo, como si no tuviera nada de qué preocuparse»; y otro mencionó el hecho de que no paraba de pedir revistas: «Ya sabe, historias de amor… montones de ellas.» Evelyn, por su parte, parecía encantada con tanta publicidad y les preguntaba a los reporteros si en las últimas ediciones de los periódicos aparecería alguna fotografía suya.

Sin embargo, y mientras la policía se afanaba en encontrar alguna prueba en apoyo de las declaraciones de la acusada, la mayor parte del juicio se desarrollaba en medio de la más absoluta rutina: se subrayaron los detalles referentes a los últimos movimientos de Dick; se confirmó la existencia de rastros de sangre en el Packard alquilado; y se escucharon los comentarios del forense acerca del descuartizamiento y la posible causa de la muerte. El único episodio realmente dramático tuvo lugar durante el tercer día del juicio, cuando Alexandra MacLean subió al estrado para prestar testimonio contra su propia hija.

La señora MacLean empezó por describir el maltrecho estado del matrimonio de John y Evelyn. Ella se había opuesto con todas sus fuerzas a que se casaran y sus temores pronto se vieron justificados. John estaba siempre sin blanca y se pasaba el día dándole sablazos a su mujer. Cuando se mencionó el nombre de Bohozuk, la señora MacLean declaró que éste había amenazando a Dick por teléfono en varias ocasiones.

Al interrogarla acerca del día del asesinato, la testigo confirmó que Evelyn había salido de casa alrededor de las seis de la tarde en un coche grande de color negro. Pero cuando le preguntó a su hija qué hacía con el Packard, ella le contestó que se metiera en sus asuntos.

Pero el testimonio más perjudicial proporcionado por la señora McLean era el relato de lo ocurrido el 8 de marzo, cuando fue a buscar a Heather, la hija pequeña de Evelyn, para visitar a su padre, John, en el trabajo. El viaje resultó en balde, porque John Dick no ocupaba su habitual asiento en el tranvía; cuando le mencionó el asunto a su hija, ésta le contestó: «No volverás a verle nunca más» y, ante la sorpresa de su madre, añadió: «Sí, John Dick está muerto; y tú, mantén la boca cerrada.»

El otro factor de vital importancia para el resultado final del juicio fue el testimonio prestado por la propia acusada ante la policía. Entre el 11 y el 14 de octubre el juez Barlow celebró varias sesiones a puerta cerrada para decidir si admitía o no las declaraciones efectuadas ante los inspectores Wood y Preston.

Finalmente, su opinión se decantó en favor del fiscal; y, cuando el jurado volvió a ocupar su puesto en la sala, tuvo la oportunidad de oír las declaraciones de Evelyn repetidas ante el tribunal. Entretanto, ésta parecía felizmente ignorante del alcance de todos aquellos debates jurídicos. El 13 de octubre cumplía veintiséis años y recibió un montón de cartas y de regalos. Un felicitante anónimo llegó a enviarle incluso un llamativo ramo de claveles rojos y blancos.

El miércoles 16 de octubre el juicio se dio por terminado y no tardó ni horas en emitir el veredicto de «culpable» al que acompañaba una petición de indulto. El juez agradeció a todos los miembros los esfuerzos realizados, haciendo notar que «con estas pruebas no creo que hubieran podido ustedes emitir un veredicto diferente». Y sentenció a la acusada a la horca, fijando la fecha para la ejecución el 7 de enero del 1947. Evelyn no perdió la calma y se limitó a dejar constancia que deseaba presentar una apelación.

Los reportajes de la prensa se hicieron entonces aún más sensacionalistas. Durante el juicio habían existido considerables restricciones, puesto que Bohozuk y MacLean se encontraba a la espera de ser procesados. Pero ahora la atención de la prensa podía centrarse libremente en la condenada a muerte. Así pues, se realizaron reportajes en los que la madre, aneganda en lágrimas, admitió que «es verdad que puede haber sido perversa, pero se trata de mi hija… de mi única hija; y la adoro».

La prensa se ocupó también detenidamente de los detalles más «sabrosos» del pasado de Evelyn e hizo hincapié en las terribles condiciones de la celda para condenados a muerte que la aguardaba. Pero no hubo una sola queja en tomo al veredicto: todo el mundo pensaba que se había hecho justicia.

La vista de la apelación se celebró el 9 de enero, mientras que la fecha de la ejecución se posponía para un mes después. En esta ocasión, la condenada estaba representada por J.J Robinette, un prestigioso criminalista de Toronto, quien siguió dos líneas fundamentales de argumentación.

En primer lugar intentó explotar el tema de la existencia de varios juicios distintos, indicado que las pruebas señalaban a MacLean como asesino y a Evelyn como cómplice del mismo. Por lo que -aducía- deberían haber sido excluidas del juicio pruebas tales como el revólver o los zapatos ensangrentados. Robinette recusó también la admisión de las confesiones realizadas por Evelyn ante la policía, alegando que no se le habían hecho las advertencias oportunas. El tribunal aceptó estos dos argumentos y ordenó la celebración de un nuevo juicio.

Dicha decisión constituyó un cambio crucial en el asunto y, como una fila de fichas de dominó que al caer se empujan unas a otras, cada uno de los cuatro juicios restantes resultó afectado por ella de forma evidente. Un mes más tarde se volvió a examinar la acusación formulada contra Evelyn Dick, pero, lógicamente, por entonces había desaparecido todo apasionamiento. Mientras se citaba a los testigos para que nuevamente prestaran declaración, El Globe and Mail comentaba: «Ya no se trata de un intenso drama, sino de una simple rutina.» Sin las declaraciones de Evelyn, de funestas consecuencias, el peso de las pruebas circunstanciales no era suficiente para convencer al jurado, quien emitió el veredicto de «inocente».

Evelyn se negó a prestar testimonio en contra de su ex amante y de su padre, lo cual disminuía la importancia de la acusación formulada contra ambos por la fiscalía. Al final se acabaron retirando los cargos contra Bohozuk, mientras que MacLean, gracias a las hábiles negociaciones realizadas por su abogado, fue declarado cómplice de los hechos una vez consumados éstos y se le sentenció a cinco años de prisión.

El hecho de que a Evelyn se la condenara a cadena perpetua después de haber sido declarada culpable del homicidio voluntario de su propio hijo, quizás ayudara a aplacar algunas críticas. Pero había mucha gente que opinaba que el brutal asesinato de John Dick había quedado impune.

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Matrimonio fracasado
Evelyn Dick, por el contrario, se llevaba «demasiado bien» con las autoridades. Su aparente deseo de cooperar y sus versátiles cambios sirvieron para entorpecer con eficacia la labor de la acusación. Como ella misma le dijo a su madre «le voy a contar a la policía tantas historias diferentes que no van a saber por dónde tirar».

El abogado defensor de Evelyn preparó una serie de pruebas psiquiátricas para explicar las razones de su comportamiento. En su informe, el doctor Robert Finlayson testificó ante el tribunal que se trataba de una mujer retrasada. Su coeficiente intelectual la situaba en los limites entre «torpe» y «retrasada mental». Además, su personalidad mostraba ciertos signos de desorden psicosomático.

Su escasa inteligencia podía estar relaciona con la falta de emoción que demostraba. Por ejemplo, la policía se percató de que Evelyn Dick jamás ofreció signos de culpabilidad o de remordimiento cuando la atraparon contando una mentira. Del mismo modo, muchos observadores comentaron sus impasibles reacciones a lo largo del juicio y cómo, incluso cuando se abordaban los aspectos mas siniestros del asunto, no dejaba de hacer garabatos en un papel.

Y no era precisamente que tratara de ocultar sus emociones en público, porque todo aquello también se podía aplicar a la actitud mostrada en la intimidad ante los asesinatos. Al principio, Evelyn explicó que la precaución con la que había actuado estaba motivada por el miedo. Declaró que se había callado y no había mostrado su disconformidad con los crímenes asustada por las amenazas de Bohozuk y de sus amigos mafiosos de Windsor; y ello a pesar de que los detectives probaron que todas aquellas historias no eran más que una invención. Pero el ejemplo más siniestro de su falta de sensibilidad fue su comportamiento con su hijo. Tanto la policía como el público se estremecieron ante la idea de una mujer capaz de vivir dieciocho meses en su casa sabiendo que su hijo se encontraba en el ático muerto.

Evelyn era hija única, y sus padres intentaron mantenerla al margen de sus compañeras de colegio. Probablemente deseaban proteger a la niña contra el duro mundo exterior. Evelyn estaba muy mimada y fue incapaz de entablar relaciones con nadie. Después de la condena, quienes la conocían desde la escuela comentaron a los reporteros que «a Evelyn le hubiera gustado ser amiga de todo el mundo, y no podía entender por qué tanta gente procuraba evitarla».

Evelyn Dick fracasó al intentar hacerse popular despilfarrando enormes cantidades de dinero en obsequio para los conocidos, lo cuál aumentó su confusión e hirió aún más sus sentimientos. Después de todo, al personal masculino de Hamilton no parecía disgustarle el pagarle algún dinero a cambio de su afecto. Quizá fue el deseo de salir de este círculo vicioso lo que la llevó a casarse con un conductor de autobús. Y en este caso cometió un error de incalculables conclusiones.

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El nombre falso de Evelyn
Los informes del hospital revelaban que un tal «Norman J. White, teniente de la Armada Real Canadiense», era el padre de los tres hijos de Evelyn -uno de los abogados, en tono jocoso, comentó que aquella era la parte más consistente de todo el testimonio ofrecido por Evelyn-; y ésta, haciéndose pasar por viuda, utilizó dicho nombre para casarse con Dick. Las investigaciones de la policía pronto demostraron que el teniente solamente había existido en la imaginación de Evelyn.

El propósito de aquel engaño era doble. Por un lado, proporcionaba a sus hijos ilegítimos un origen respetable. Y, además, la existencia de un «esposo ausente», supuestamente en el servicio activo, podía explicar los abundantes ingresos de Evelyn. En realidad, aquel dinero procedía de los numerosos acompañantes masculinos con que ésta contaba, muchos de los cuales eran relevantes ciudadanos cuya identidad fue cuidadosamente mantenida en secreto por el tribunal. John Dick no sabía nada de toda aquella historia y probablemente el enterarse del engaño no supuso ninguna ayuda para su matrimonio, ya de por sí bastante maltrecho.

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Conclusiones
Evelyn Dick pasó once años en la penitenciaría de Kingston por el delito cometido. Allí consiguió mantener excelentes relaciones tanto con la autoridades penitenciarias, como con sus compañeras de prisión, y obtuvo cierto éxito en una de las representaciones de Navidad haciendo el papel de Ángel. En 1958 consiguió la libertad bajo palabra.

Alexandra MacLean abandonó Hamilton en compañía de Heather, la hija de Evelyn. Lógicamente intentaba escapar de las curiosas miradas de los vecinos y empezar una nueva vida.

Probablemente Donald MacLean fue el personaje involucrado en aquel asunto que salió más perjudicado. Después de ser condenado por el caso Dick, se pronunció contra él otra sentencia de cinco años, acusado de robo contra la compañía de transportes para la que trabajaba. En 1951, al salir en libertad, el futuro parecía bastante negro. Enfermo, arruinado y separado de su esposa, pasó los últimos años de su vida como vigilante de un aparcamiento. Falleció en 1955.

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Fechas clave
16/3/46 – Se encuentra un torso enterrado en medio de un bosque.
17/3/46 – Aparece una camisa ensangrentada en un lugar cercano.
19/3/46 – La policía interroga a Evelyn Dick.
21/03/46 – En casa de Evelyn se descubre el cadáver de un recién nacido y varios restos de huesos humanos.
12/04/46 – Evelyn Dick incrimina a Bohozuk y a su propio padre en el asesinato de John Dick.
07/10/46 – Comienza el juicio contra Evelyn Dick por el asesinato de su marido.
13/10/46 – Veintiséis cumpleaños de Evelyn Dick.
16/10/46 – Se declara culpable a Evelyn Dick y la condenan a la horca.

09/01/47 – Vista de la apelación. El tribunal ordena la celebración de un nuevo juicio: se la declara inocente.

Sabine Hilschenz

Condenan a 15 años a la mujer alemana que mató a nueve de sus trece hijos
Diariovasco.com

2 de junio de 2006

Ocultaba los embarazos, daba a luz en secreto y los bebés fallecían poco después de nacer por congelación.
La Audiencia Provincial de Fráncfort del Oder (este de Alemania ) condenó ayer a 15 años de cárcel por homicidio a Sabine Hilschenz, una alemana de 40 años acusada de haber asesinado a nueve de sus trece hijos recién nacidos y ocultado sus cadáveres durante años. El caso de Sabine H. ha conmocionado a la opinión pública alemana, que sigue preguntándose por los motivos de la infanticida que mató a sus nueve bebés poco después de dar a luz sin que ni sus familiares ni sus vecinos se percataran de ello.

El juez consideró probada la culpabilidad de Sabine Hilschenz en ocho de los casos. La infanticida no fue juzgada por uno de los casos por haber prescrito antes de que empezara el juicio. Durante el juicio quedó claro que los niños nacieron vivos, aunque no se pudo demostrar fehacientemente que la madre había provocado activamente su muerte.

El juez aseguró que Sabine H. no actuó conforme a su deber de madre, pues no evitó la muerte de los bebés, que fallecieron por congelación. Para argumentar su sentencia, la justicia se basa en las confesiones que hizo Sabine Hilschenz tras ser detenida, ya que durante la vista la condenada se negó a declarar.

Teniendo en cuenta la gravedad de los hechos, la fiscalía había pedido cadena perpetua por ocho asesinatos, mientras que la defensa había solicitado tres años y medio de cárcel por homicidio. Finalmente, el juez decidió condenar a la acusada a 15 años de cárcel por homicidio y no por asesinato como reclamaba la fiscalía.

Por su parte, la defensa no se mostró conforme con el veredicto y a recurrirá la sentencia.

Enterró a los bebés

La fiscal sostuvo que Sabine Hilschenz decidió ya matar a los nueve bebés cuando estaba embarazada. Para ello seguía el mismo esquema: la infanticida se emborrachaba cuando empezaban los dolores del parto, daba a luz en secreto, envolvía a los recién nacidos en toallas y cuando estaba segura de que estaban muertos, los metía en bolsas de plástico y los enterraba en el balcón en maceteros, donde cultivaba tomates y hierbas. En uno de los casos, la acusada congeló durante un año el cadáver de un recién nacido y luego lo enterró.
Los análisis genéticos de los restos de las siete niñas y dos niños, descubiertos en julio de 2005 en la localidad de Brieskov-Finkenheerdel (este alemán), han determinado que eran hijos de la acusada y de su ex marido, Oliver H. Los forenses calculan que los nacimientos de los pequeños ocurrieron entre 1992 y 1998.
El ex marido, de 40 años, y los hijos mayores de la pareja afirman que nunca supieron de la existencia de aquellos embarazos.

El macabro caso, que permaneció oculto durante trece años, después del nacimiento y la muerte del primero de los bebés, salió a la luz tras recibir la Policía la llamada de un testigo que sostenía haber encontrado, mientras limpiaba un garaje, algo que podía ser huesos de un niño. La Policía halló esqueletos de bebés en el interior de un acuario y en macetas de flores, que durante mucho tiempo estuvieron en el balcón de la casa de Sabine Hilschenz.

Según el cuadro psicológico establecido por expertos, la acusada tiene un elevado coeficiente de inteligencia y creció muy mimada y protegida en el seno de una gran familia en el campo, junto con hermanos mayores, primos y otros familiares.


El caso de Sabine Hilschenz destaca, junto al de Armin Meiwes, el llamado caníbal de Rotemburgo, entre los más escabrosos de la historia criminal de Alemania. Sin embargo, existen antecedentes en otros países. En junio de 2005, una austríaca de 32 años confesó haber asesinado a cuatro bebés y haberlos congelado o enterrado en cemento y en junio de 1999, una estadounidense de 70 años admitió haber asesinado a ocho de sus diez hijos, entre 1949 y 1968.

Véronique Courjault




Danielle Raymond / M. P. Aizpurúa / A. Gallardo – Parati.com.ar

Francia, Octubre 2006.-  Es francesa, tiene 38 años, está casada y tiene dos hijos, pero entre 1999 y 2003 dio a luz a otros tres a los que, instantáneamente, les quitó la vida: tras matarlos con sus propias manos, al primero lo quemó y a los otros dos los guardó, durante varios años, en un congelador, en su propia casa.

El macabro hallazgo ocurrió en Seúl, Corea, donde Veronique vivía con su esposo, quien al parecer “no sabía nada” de sus asesinatos. Parecía la mujer perfecta, pero hoy los medios franceses la llaman “la madre sin alma.

Los investigadores coreanos no se equivocaron cuando siguieron la pista del matrimonio Courjault durante más de tres meses. El miércoles 11 de octubre, involucrada dos veces por tests de ADN e interrogada minuciosamente por la policía judicial francesa, Veronique Fievre –aunque utilizaba su apellido de casada– (38, ama de casa) confesó el homicidio de sus dos bebés, que fueron encontrados –el 23 de julio pasado– por su marido, Jean Louis Courjault (ingeniero, actualmente trabaja en la empresa automotriz norteamericana Delphi), en un congelador de la casa de la familia, radicada en Seúl, Corea del Sur.

Luego, Veronique también reveló que ya había matado a otro de sus hijos recién nacido –en 1999, en Francia– y que quemó su cuerpo.

El fuego y el hielo fueron el destino final para sus tres hijos, a los que asesinó apenas los dio a luz. Por ahora, su marido clama su inocencia y ella la sostiene, confirmando que el hombre no estaba al tanto de nada, ni siquiera de sus embarazos sucesivos…
Hallazgo macabro
Todo empezó durante la noche del 22 de julio pasado, cuando M. Kim, un exmilitar que combatió en la guerra de Vietnam y que hoy trabaja como guardia de seguridad de un exclusivo barrio cerrado de Seúl –donde vive el matrimonio Courjault– recibió un paquete con una docena de kangodungo” (caballa) salados.

El paquete estaba destinado a Jean Louis Courjault, quien desde hacía mucho tiempo quería probar esa deliciosa especialidad de la región. “El destinatario estaba ausente, así que guardé el paquete en el congelador”, explicó Kim. A las 8 de la mañana del día siguiente, Jean Louis lo pasó a buscar para llevarlo a su casa. “Lo vi volver más tarde, –continuó su relato Kim.

Estaba como loco y me gritó un poco en inglés y un poco en coreano: Venga rápido, le tengo que mostrar algo…’Kim siguió al hombre hasta su casa y, una vez frente al congelador, Jean Louis abrió la puerta de la heladera y algunos cajones inferiores, el cuarto y el quinto… “Entonces me muestra el contenido y me dijo: ‘¡Fíjese, hay dos bebés! Two babies, recordó M. Kim, quien en su relato agregó que al principio pensó que los cuerpos no eran más que pollos pequeños. “Vi dos manitos de bebés con los deditos cerrados”, empezó a darse cuenta de la cruel realidad M. Kim quien, advertido de la gravedad de la situación, decidió llamar a la policía. Según su relato, Jean Louis estaba “shockeado, desamparado y ‘muerto de miedo.

Veronique Courjault se declaró culpable casi de inmediato. “¡Quiero ver a mi marido, le quiero explicar!”, fue la frase con que imploró a los policías apenas fue detenida. Al asumir el múltiple infanticidio (infanticida es quien mata a un niño y, en este caso, se trata además de un filicidio, porque las víctimas son los propios hijos) ella se mostró obsesionada por conocer la reacción de su marido.

Es lo que apuntaron en la comisaría de Tours, Francia. “Su mujer tiene algo que decirle”, le dijeron a Jean Louis, quien de inmediato se largó a llorar. “Parecía realmente sorprendido. Manifestó una profunda confusión cuando entendió que su mujer había cometido los homicidios”, reveló el comisario Bejeau tras los interrogatorios. Y cuando Veronique Courjault estuvo por fin frente a él, se abrazaron, lloraron juntos, y él le dijo: “Veronique, te sigo queriendo. Sé fuerte, estoy con vos…”.
Veronique Courjault (algunos medios franceses la bautizaron “la madre sin alma”) pasó por los exámenes de sangre en un estado de terror y llorando constantemente, una conducta que no había tenido en los primeros instantes de su detención.

En esa ocasión, la mujer permaneció en absoluto silencio y muy serena. Sólo cuando los agentes de policía la confrontaron con sus propias incoherencias en el relato, ella confesó la atrocidad de sus actos. “Es cierto, quedé embarazada en 2002 y 2003, sin que nadie se diera cuenta. Mi marido nunca supo nada. Mi panza no era grande. Disimulaba mis curvas con ropa amplia. Una noche, sentí contracciones, mientras dormía al lado de mi marido. Fui al baño y tomé anti-espasmódicos, y se calmaron. Me volví a acostar. Jean Louis no se dio cuenta de nada.

Pero sus partos clandestinos resultan poco factibles, teniendo en cuenta que su marido pasaba casi todas las noches en su casa, junto a ella y a sus otros dos hijos mayores, Nicolás (11) y Jules (10), a los que Veronique iba a buscar al colegio, todos los días a las cuatro de la tarde.

En su declaración ella afirma “haber tenido suerte” para seguir adelante con su embarazos en secreto, indicando que las últimas contracciones de cada parto llegaron en ocasiones en las que ella estaba sola en su casa.

Según Veronique, dio a luz a tres niños en el baño, ella misma cortó el cordón umbilical y escuchó sus primeros gritos. Acto seguido, apretó fuerte y esperó a que el pequeño cuerpo no se sacuda más por espasmos. Ella misma habría sido la hacedora y única espectadora de una tragedia que perpetró tres veces a lo largo de cuatro años: en 1999, 2002 y 2003.

La confesión de Veronique

No quería tomar más la píldora. No pensé en abortar, después era demasiado tarde.… Los maté. Sentía cierto poder al ser capaz de dar vida y muerte a mis hijos”, figura en su confesión. La primera vez fue en 1999, cuando la familia Courjault vivía en Villeneuve-la-Comtesse, un pequeño pueblo de Charente Maritime, al centro oeste de Francia.

Sus setecientos habitantes hoy están en estado de shock enterados de que allí concibió, mató e incineró a su primer hijo, su primera víctima. Salvo una vecina que asegura recordar que Veronique le anunció la llegada de un tercer hijo, nadie parece haber notado la dulce espera de esta mujer a la que muchos describieron como “una simpática madre de familia, muy cuidadosa con sus dos hijos.

En 1999 Jean Louis perdió su trabajo. Por entonces, Jules y Nicolás tenían apenas 4 y 3 años, respectivamente, y la situación familiar se vio notablemente dañada. ¿Habría sido esta delicada situación la que provocó por primera vez un rechazo al propio embarazo y su primera pulsión asesina?

Una vez que el caso salió a la luz, el morbo y curiosidad de sus viejos vecinos de Villeneuve-la-Comtesse provocó que todos quisieran ir a ver su antigua casa, donde quemó a su primer hijo. La mujer que hoy la ocupa dice estar “conmocionada” por la noticia. Su nombre es Emmanuelle, actualmente está embarazada de ocho meses, y quiere mudarse de inmediato de ahí. “Voy a ser madre en un mes y me da escalofríos imaginar que un bebé fue quemado en la chimenea de mi living”, declaró.

A 200 kilómetros de distancia del pueblo del primer crimen, en Chinon, vive la familia de Jean Louis Courjault, hoy más aliviada porque éste fue dejado en libertad a pesar de que está en vigencia su inculpación por complicidad en el asesinato.
Jean y Genevieve, los padres de Jean Louis, declararon: “No queremos hablar demasiado para no entorpecer la investigación. No recibimos ninguna instrucción del fiscal, pero queremos dejar que la justicia investigue con serenidad. Tenemos total confianza en la justicia francesa. Veronique está enferma. La queremos y la vamos a sostener siempre”, afirmaron. Por su parte, Philippe, el hermano mayor de Jean Louis, agregó: “Desde hace quince años hemos vivido con ella sin darnos cuenta de nada. Nadie sintió que estaba en tal grado de desamparo y hoy nos cuestionamos todo-
Actualmente, Jules y Nicolás, los dos hijos sobrevivientes de la “madre sin alma” viven con la familia Courjault, en Souvigny de Touraine, con sus abuelos, tíos y primos, y bajo la atenta mirada de un grupo de psiquiatras que, además de explicarles la ausencia de su madre (no podrán visitarla en la cárcel durante varias semanas) son los encargados de su tratamiento psicológico y, sobre todo, de su preparación para los próximos interrogatorios en los que participarán como testigos.
Sobre todo, los investigadores intentarán saber si los dos chicos pudieron notar la sucesión de embarazos de su madre así como si supieron de los partos. En el futuro, toda la familia y el entorno más íntimo de Veronique Courjault desfilarán por la policía y los tribunales para tratar de delinear un perfil de esta mujer de ojos claros, que algunos definían como “positiva y alegre.

Retrato de una asesina

¿Qué psicosis padece Veronique Courjault? ¿Qué hay detrás de su retrato, aparentemente el de la más dedicada madre de familia? En su pueblo natal, Parnay, cerca de Nantes, sus padres –Robert y Monique Fievre– están consternados.

Primero se negaron a admitir la culpabilidad de su hija, pero hoy están sumidos en el más absoluto silencio. Martine, hermana mayor de Veronique, habla por ellos. “No la reconozco. Lo que hizo no tiene explicación, tratamos de entender… La queremos y tenemos la esperanza de que esto termine de la mejor manera posible.

La madre asesina es la penúltima de una familia con siete hermanos, todos criados bajo un catolicismo ferviente. “Era tímida, como la mayoría de nosotros en esta familia, –indica su hermana–. Pero no estaba aislada, se comunicaba con nosotros y parecía feliz y realizada.

Veronique conoció a Jean Louis Courjault en 1987. “Ella era la mujer acomplejada de un modesto vitivinicultor y él provenía de una familia adinerada de Chinon”. Así dicen que se plantearon los términos de la relación en sus comienzos. El quiso ser ingeniero y seguir los pasos de su padre, director de asuntos internacionales de la Compañía General de Geofísica y consejero municipal.

Veronique, en cambio, no tenía claro su rumbo: estudió y abandonó los estudios de Sociología, y luego se recibió sin vocación ni demasiadas convicciones en el área de computación, como analista de sistemas y programadora.

Hoy Genevieve Courjault, la madre de Jean Louis, recuerda un detalle particular de la boda de Veronique y su hijo. “Tuvimos dificultad para encontrarle un vestido de novia, porque estaba embarazada de su primer hijo y ella no quería que se notara”. Luego la pareja se instaló en Aubigny sur Nère, en el centro de Francia, donde comenzaron a “armar una familia”, con la llegada de Jules, en 1995, y de Nicolás, un año más tarde.

Todo indica que el año de inflexión fue 1999, cuando su marido se quedó sin trabajo y ella comienza a elucubrar su macabro proyecto: no volver a ser madre nunca más. Así, asesina con sus propias manos a quien fue su tercer hijo. Y a esa atrocidad la repite lejos de su país, en Seúl, Corea, un destino al que la pareja se dirigió para “probar suerte”. En términos económicos, cumplieron su objetivo y Jean Louis consiguió reacomodarse en su profesión.

Pero en septiembre de 2002 y en diciembre de 2003, Veronique lo hizo otra vez: en ambas ocasiones estranguló a sus hijos y los colocó en la parte de abajo del congelador, sin preocuparse demasiado por limitar su acceso.

Los psiquiatras y abogados no terminan de entender qué la llevó a asumir tal riesgo. “Quería guardarlos con ella, eso quiere decir que los quería”, fue la explicación de uno de los abogados que defiende a Veronique.
Encerrada en una trágica farsa durante cuatro años, hoy Veronique Courjault cambió esta celda por otra de hierro y cemento. En el fondo de su celda, vive aislada para impedir que sea maltratada por las otras detenidas de la cárcel de Orleáns, que aborrecen a quienes hayan cometido cualquier delito de hostigamiento o maltrato contra sus propios hijos.


Las únicas visitas autorizadas son las del abogado y las del perito psiquiátrico. Mientras tanto, Jean Louis Courjault vive su libertad casi como una inevitable condena, quizás mirando las fotos de su mujer, aparentemente el retrato de “la más dedicada madre de familia”.