28 dic. 2011

Dolly Oesterreich


Fred Oesterreich era un hombre grande que tenía un gran apetito y fumaba grandes cigarros. Eso era todo lo que Frank tenía grande. Era dueño de una próspera fábrica de delantales, por 1903, en Milwakee, Wisconsin. La esposa de Fred, Walburga, era una mujer bellísima, con una figura que podía despertar a un muerto. Los Oesterreich, simplemente, no se llevaban bien. Claro, habían estado casados 15 años, vivían en un hogar confortable y eran ricos. Pero había problemas. Ya hemos mencionado uno de los defectos de Fred. También bebía muchísimo, pasaba la mayor parte de su tiempo en la fábrica de delantales y, en general, dejaba a Walburga de lado. Un buen día Walburga estaba cosiendo algo en su máquina de coser cuando ésta se atoró. Fred envió a uno de los muchachos de la fábrica a reparar la máquina. Otto Sanhuber, 17 años, apareció. El pequeño Otto medía una pizca menos de un metro y medio, tenía una barbilla retraída, ojos caídos y sufría de un severo caso de acné. Casi todo el tiempo le goteaba la nariz. Quién sabe qué química aparece entre nosotros los mortales. Antes de que terminara el día Walburga estaba bien, y muy al tanto de que las deficiencias que sobraban a su marido, ciertamente, no aplicaban a Otto. En cuanto a Otto, él pensó que había muerto y había ido al cielo.

Walburga y Otto no se cansaban el uno del otro. Cuando Fred abandonaba la casa cada mañana Otto se metía a escondidas en la casa para hacer el amor con Walburga. Mientras hacía lo suyo, Otto compartía el abundante abastecimiento de licor y alimento. Durante tres años esta idílica, pero riesgosa situación continuó. Walburga no podía pensar en la vida sin Otto. Para aliviar sus temores se le ocurrió una idea bizarra. Walburga sugirió a Otto que se mudara a la casa y ocupara el ático. Ella lo decoraría según sus requerimientos particulares: una vela, la cual no podía verse a través de la lona de la ventana. Otto tendría la mejor comida, habanos, vinos añejos y, además, tanto sexo como deseara. La ubicación de la puerta al ático era más bien accidental, pero no por eso menos conveniente (en el cuarto principal, directamente encima de la cama). Otto se mudó. El arreglo demostró ser ideal para todos los propósitos, si no tomamos en cuenta a Fred. El confinamiento no era tan malo para Otto, ya que podía disponer de la casa siempre que Fred no estaba, lo que era bastante seguido. Para pasar el tiempo, cuando no estaba haciendo su especialidad, Otto escribía historias de aventuras. Walburga las escribía a máquina y las enviaba a las editoriales. Al principio de todo, Otto obtuvo a cambio de su trabajo un cajón lleno de cartas de rechazo. Pero perseveró y comenzó a recibir cheques de forma regular. Walburga le abrió una cuenta en el banco. Fred se volvió una molestia a medida que pasaban los años. Siempre se quejaba sobre las grandes cuentas de comida. Sus cigarros siempre desaparecían. Cuando se quejaba sobre el ruido proveniente del ático, y no aceptaba la explicación de Walburga sobre los ratones correteando por ahí, ella le sugería que buscara ayuda psiquiátrica. Fred pronto se volvió un asiduo visitante del diván. Como diversión, generalmente, volvía a la casa con la cabeza en llamas y le daba unos cuantos golpes a su esposa. Walburga era filosófica: Era un precio pequeño a pagar. 

En 1913 los Oesterreich se mudaron, pero Otto no fue molestado. Walburga se había asegurado de que su nuevo hogar tuviera un ático cómodo. Hubo momentos donde casi los pillan. Un día Fred regresó a su casa de forma inesperada y encontró a Otto revisando la nevera. Creyendo que había aprehendido a un ladrón, Fred echó a Otto de la casa. Nunca se dio cuenta que estaba maltratando al amante de su esposa. Dos horas más tarde Otto estaba comiendo una cazuela de pollo sumergido en el ático de la casa. La extraña vida de Otto, Walburga y Fred transcurrió felizmente durante varios años, justo hasta la noche del 22 de agosto de 1922. Esa noche Fred llegó a casa borracho. Comenzó a golpear a Walburga. Otto, que ahora era mucho más esposo de Walburga que su cónyuge legal, se puso furioso. 

El pequeño sujeto bajó corriendo de su escondite en el ático, cogió una pistola calibre 25 de un estante y de forma poco ceremoniosa ventiló a Fred con más hoyos que un queso suizo promedio. Walburga, una pensadora rápida, inmediatamente se hizo cargo. Cogió el caro reloj de diamantes de la muñeca de su esposo. 

Le dijo a Otto que regresara al ático. Luego se encerró en un armario y pasó la llave por debajo de la puerta dentro del cuarto donde su marido Fred yacía bien muerto. Un vecino, que había oído los tiros, llamó a la policía. Liberaron a la histérica Walburga del armario. Le dijo a la policía que ella y su marido habían llegado a la casa y habían sorprendido a un ladrón. Fred se resistió cuando el intruso trató de quitarle su reloj. El intruso disparó. Luego la metió en el ropero y lo cerró con llave. La policía tenía algunas sospechas, pero creyeron la historia de Walburga a regañadientes. Los bienes de Fred estaban valorados en casi un millón de dólares, pero había muchos detalles a ser aclarados antes de que el dinero pasara a manos de la viuda doliente. Walburga contrató a un abogado, Herman Shapiro. Durante una de sus visitas a la oficina de Shapiro le dio un regalo: un reloj de diamantes. Shapiro recordó que el reloj de diamantes había sido retirado de la muñeca de Fred. 

Cuando le mencionó esto a Walburga ella sonrió y dijo que se había equivocado. Dijo que había hallado el reloj debajo de un cojín en la sala y simplemente quería dárselo a Shapiro como regalo. Una coincidencia complicó a Walburga. Hacía un año de la muerte de Fred. El Detective Herman Cline, el oficial a cargo de la investigación original del asesinato de Fred, apareció para charlar con el abogado Shapiro. 

Se quedó atónito mientras observaba el reloj del hombre muerto descuidadamente dejado en el escritorio de Shapiro. Cuando le preguntó, Shapiro le relató la historia que Walburga le había contado. Cline corrió a la casa de Walburga y se llevó a la viuda en custodia. Walburga llamó a Shapiro por teléfono con instrucciones explícitas: “Sube a la gran habitación de mi casa. Golpea tres veces en la puerta del ático. Hay alguien allí (un medio hermano que es una especie de vagabundo). Dile que me he ido a Milwakee”. Shapiro hizo lo que le dijeron. Allí apareció Otto. 

Shapiro contactó a un abogado criminalista, quien sugirió que Otto se fuera de viaje fuera del país. Otto tomó aquellos dólares que había acumulado por sus historias y se fue a Vancouver.

Mientras tanto, de vuelta a la prisión de Los Angeles, la policía liberaba a la viuda. Pasaron siete años. Walburga vivió de la herencia de Fred hasta 1930. Ahí fue cuando el abogado Shapiro tuvo problemas financieros y decidió ir a la policía. Walburga y Otto, que habían regresado a Los Angeles, fueron arrestados e inculpados por el asesinato de Fred. Otto fue hallado culpable de asalto. Como habían pasado las limitaciones, de tres años, fue liberado. Ahora, con 44 años, el pequeño galán salió caminando de la corte sin nada. 

Había pasado en total 19 años en oscuros áticos. En el juicio de Walburga el jurado no se puso de acuerdo. También fue liberada. Walburga, de 63 años, abandonó la sala de la corte con muchísimo dinero y dulces recuerdos.

10 dic. 2011

Susan Atkins



Esta mujer que ahora tiene más de 60 años, perteneció a lo que se le conoce como “La Familia Manson”

Charlie es Jesucristo. Yo maté a Sharon Tate”, le dijo Susan Atkins a su compañera de celda, Ronnie Howard. Susan había conocido a Charles Manson en una comunidad hippy. Su carisma y sus extravagantes ideas acerca de la redención y el fin del mundo debieron de parecerle irresistibles a esta californiana nacida en 1948, hija de padres alcohólicos y violentos, porque cayó rendida a sus pies y se manifestó dispuesta a formar parte de su extraña “familia”. Hasta entonces, la vida de Susan no había sido un camino de rosas. Más bien al contrario.

Se la ganaba bailando desnuda en clubes nocturnos. Manson apareció en el momento justo, como una revelación. Hablaba de sexo libre, drogas y rock & roll. Había cogido ideas de aquí y allá, sobre todo de la Biblia y de las filosofías orientales, y había tejido una doctrina de salvación.
Según ésta, “la familia” era la vanguardia de los 144.000 elegidos. El apocalipsis había llegado y el Juicio Final estaba a punto de comenzar. La población negra se disponía a aniquilar a la blanca. En el transcurso de esta guerra, él guiaría a sus elegidos hasta Agartha, el reino subterráneo en el que esperarían el momento para regresar como señores del mundo.

Con estos pájaros en la cabeza, Susan se marchó a vivir a una granja abandonada en el desértico Valle de la Muerte, en California. Aquel 9 de agosto de 1969, año del mítico festival de Woodstock, ella y otros tres “familiares” más recibieron órdenes precisas del profeta Manson. Debían ir a un domicilio de Beverly Hills, en el número 10.050 de Cielo Drive, con cuchillos y un revólver, y matar a sus habitantes.

Dicho y hecho. Nadie salió vivo de allí. Ni siquiera la actriz Sharon Tate, esposa del director Roman Polanski y embarazada de ocho meses. Pasaron por alto este detalle. O mejor dicho, lo aprovecharon para liberar su rabia. Cogieron el cuchillo, le asestaron hasta 17 puñaladas, que entre otras atrocidades le seccionaron los pechos, y dejaron que muriera desangrada. Cuanto más lloraba y suplicaba Sharon, más adrelina corría por las venas de los asesinos. Pero la barbarie no terminó: la mujer apareció colgada de una soga.

Susan Atkins declararía más tarde: “Yo maté a la perra mientras me suplicaba por su vida y la de su bebé. La maté porque estaba harta de oír cómo gritaba”. En la pared se podía leer la palabra “cerdos” escrita con la sangre de la víctima. Al lado, el título de una canción de Los Beatles, “Helter skelter”, que Manson había reinterpretado a su antojo. “Helter skelter” no era más que un tobogán en espiral típico de los parques británicos.

Pero en la cabeza de Manson, se convirtió en el holocausto que se avecinaba. Todos corrieron la misma suerte en la mansión de la colina de Bel Air: Jay Sebring, el peluquero de las estrellas, de 34 años, recibió un balazo y siete puñaladas; la millonaria Abigail Folger, de 25 años, murió a causa de 28 cuchilladas; en el cuerpo de su novio, Voytek Frykowski, de 32 años, se contabilizaron 51 puñaladas y dos disparos; y Steven Parent, un amigo del jardinero, fue asesinado por cuatro balazos.

La masacre fue la noticia de aquel verano. Se dijo que alguna secta satánica se había vengado de Polanski, que estaba de viaje por Europa, por el éxito de “La semilla del diablo”. Pero detrás se escondía un motivo mucho más prosaico. Al parecer, Manson, que tenía ínfulas artísticas, soñaba con un contrato que Terry Melcher, hijo de la actriz Doris Day y dueño de la mansión, le había negado.

Para Susan no había sido la primera vez. Junto a otro miembro del clan, Robert Beausoleil, había acuchillado al productor musical Gary Hinman el 31 de julio del mismo año. Tampoco iba a ser su último crimen. Un día después de la matanza de Cielo Drive, mataron a una pareja de comerciantes, Leno y Rosemary La Bianca. Volvieron a escribir en la pared “muerte a los cerdos” y el título de la canción de McCartney. Susan fue detenida por el asesinato de Gary Hinman. Su papel en la masacre había pasado desapercibida. Tal vez por eso se mostró tan confiada. Y un día, le contó toda la verdad a su compañera de celda, que la vendió a la policía a cambio de un trato de favor.

En diciembre de 1969 se dio el caso por cerrado. Se desarticuló “la familia”, de la que formaban parte 19 personas de clase media, cinco de ellas dispuestas a matar. Se alimentaban de los desechos de los supermercados, tenían armas y drogas, eran aficionados a las orgías y creían que el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina. Cayó también el cerebro de la banda, el endiablado Charles Manson, que, curiosamente, no había manchado sus manos de sangre. Sin embargo, el testimonio de Susan Atkins, que se avino a colaborar con la policía, bastó para implicarle. El juicio fue un fenómeno mediático. Se condenó a muerte a Manson, Atkins y otros integrantes del grupo. Pero no fueron ejecutados porque en 1972 se abolió la pena capital en California. La sentencia fue conmutada por cadena perpetua. Cuatro años más tarde, otra miembro de “la familia”, Lynette Fromme, intentó asesinar al presidente Gerald R. Ford. Seguía creyendo en el fin del mundo y la salvación necesaria.

En aquel momento no se descubrió por qué habían cometido semejante atrocidad. Sólo se sabía que Manson había estado en aquella casa, al menos, en dos ocasiones. Y, durante un tiempo, la sombra del diablo siguió planeando sobre el caso. Se supo que Polanski había contactado con Anton Szandor LaVey, fundador de la Iglesia de Satán, para el rodaje de su película, y que había revelado algunos secretos suyos.

Pero la verdad estaba aún por llegar. La actriz Melody Patterson, que había pertenecido a “la familia” durante un tiempo, reveló que el nudo de la madeja era, en realidad, el peluquero Jay Sebring: “Yo sabía que era un pervertido sexual. En el subsuelo de su casa, en Beverly Hills, había una sala con todos los refinamientos de un sádico. En Hollywood, muchas chicas estaban al corriente de sus gustos”.

A Patterson no le costó relacionar el asesinato de Tate y compañía con el del matrimonio La Bianca: eran los padrinos de Jay. Un amigo le dio más pistas: tres días antes de su muerte, Jay se había cruzado con dos chicas drogadas a las que se había llevado a casa. En su refugio, las había sometido a todo tipo de vejaciones sexuales. Eran Patricia Kerwinkel y Leslie Van Houten, dos miembros del clan Manson. Lo demás es historia.

1 dic. 2011

Rebecca Chandler y Larrabee Raven


Dos mujeres fueron arrestadas en Milwaukee, después de que un joven de 18 años le dijera a la Policía que fue atado y apuñalado cientos de veces en un encuentro sexual que “se salió de las manos”.

El hombre dijo a la Policía que había conocido a una de las mujeres en internet y había viajado a Milwaukee desde Phoenix, Arizona, para verla.

Entonces ella y su compañera de cuarto lo mantuvieron en su apartamento dos días y lo cortaron más de 300 veces, dice una declaración jurada firmada por el detective de la Policía, Michael Walisiciwicz, en el Condado de Milwaukee, reportó msnbc.com .

De acuerdo con la televisora, ambas mujeres, Rebecca Chandler y Larrabee Raven, se encontraban detenidas en la Cárcel del Condado de Milwaukee con una fianza de $ 150,000; y no se les habían presentado cargos.

De acuerdo con el reporte, cuando la Policía llegó al apartamento, Chandler, de 22 años, se les acercó y les dijo: “creo que está aquí buscándome”, según la declaración jurada.

Chandler dijo que ella y el hombre estaban teniendo relaciones sexuales, que incluía cortadas, y que el acto fue consentido, pero se les fue de las manos.

Chandler dijo a la Policía que su compañera de cuarto, a quien llamó “Scarlett”, hizo la mayor parte de las cortadas y que era posible que estuviera “participando en actividades satánicas o de ocultismo”, según la declaración. La compañera de cuarto fue identificada como Larrabee, de 20 años.

El hombre sufrió heridas en la espalda, cara, brazos, piernas y cuello y fue trasladado al Hospital de Froedtert en Wauwatosa.

En el apartamento de Chandler y Larrabee, la Policía encontró cuchillos, cinta adhesiva, cuerda, ensangrentada y “libros o literatura relacionada con el satanismo o el ocultismo”, incluyendo una copia de un libro de rituales nigrománticos titulado “Guía para la vida del hombre lobo “, indica la declaración jurada.

30 nov. 2011

Juana Barraza Samperio


Juana Barraza, cuenta con conocimientos de enfermeria, nació en la ciudad de Puebla en 1954, dedicada también en algunas ocasiones a la lucha libre (bajo el seudónimo de "La Dama del Silencio") o a la venta de rosetas de maíz afuera de la arena de lucha, y supuesta adoradora de la Santa Muerte; cometió varios homicidios en el área metropolitana de la Ciudad de México desde los años 90 del siglo XX hasta principios del año 2006. Barraza se ha transformado en uno de los casos más interesantes dentro de la historia criminal en México, ya que durante muchos años se mantuvo la comisión de sus crímenes sin ser capturada, y por la semejanza de su modus operandi con el de famosos asesinos en serie de otros países, como El Monstruo de Montmartre.

El primer asesinato atribuido a la mataviejitas fue cometido a fines de los años 90 aún cuando la serie de asesinatos comenzó presuntamente el 17 de noviembre de 2003. Se ha estimado que el número total de sus víctimas es de entre 42 y 48. El 31 de Marzo del 2008 el juez 67 de lo penal, con sede en Santa Martha Acatiltla dictó sentencia en contra, al otorgarle 759 años y 17 días de prisión por 17 homicidios y 12 robos cometidos en agravio de personas de la tercera edad. Si continúa viva a la edad de 100 años, podrá disponer de su libertad en el 2056.

Todas la víctimas de la asesina eran mujeres adultas mayores (ancianas), quienes en su mayoría vivían solas. Las muertes eran provocadas por golpes, heridas de armas punzocortantes o estrangulación, con robos materiales a las víctimas inmediatamente después de ser asesinadas. En casos aislados, se encontró evidencia de abuso sexual en las víctimas.

En el transcurso de las actividades criminales de la mataviejitas, las autoridades policiacas fueron duramente criticadas por los medios de comunicación puesto que, todavía a finales del 2005, asumían un "sensacionalismo mediático" respecto a un asesino en serie. Asimismo, se criticó el hecho de que el asesino era buscado, tal vez inútilmente, entre las prostitutas y/o travestis de la Ciudad de México. De hecho, durante la cacería de la asesina, Bernardo Bátiz, entonces Procurador de Justicia de la Ciudad de México, había indicado que 'el Mataviejitas' era 'brillantemente listo' (creyéndose hasta ese momento que se trataba de un hombre y no de una mujer) que cometía sus crímenes después de un corto período durante el cual se ganaba la confianza de sus víctimas. Los oficiales que investigaban el modus operandi del asesino sospecharon que el o la 'mataviejitas' se presentaba ante sus víctimas como trabajador social del gobierno (enfermera), ofreciendo programas de beneficencia para personas de la tercera edad.

7 nov. 2011

Debra Brown y Alton Coleman


A los 17 años ya coleccionaba delitos sexuales que incluían el robo a mano armada, la violación, la pedofilia e incluso el asesinato: había matado a la hija de una amiga de su madre. A Debra no se le conocían antecedentes. Sin embargo, el furor de los dos miembros de la pareja fue el mismo. De la mano, iniciaron una auténtica cacería humana.
Por supuesto, no tenían escrúpulos. Pero tampoco objetivos. Ni armas. Ni ritual. Mataban porque sí. Sobre la marcha y sin premeditación, aunque con mucha alevosía. Elegían mujeres al azar, abusaban de ellas y, posteriormente, las asesinaban con lo primero que encontraban a mano. La ola homicida duró 53 largos días. Únicamente su arresto pudo poner fin a tanta locura.
El abogado defensor de Coleman adujo problemas mentales, pero el jurado no tuvo clemencia. Es más, el reo recibió tres sentencias de muerte, una en cada estado donde había matado: Indiana, Ohio e Illinois. Para que no pudiera haber ninguna duda. La condena se ejecutó el 26 de abril de 2002, cuando el asesino tenía 46 años. Debra Brown miró hacia otra parte. Insistía en que Alton la había obligado a cometer los crímenes. Pero sus argumentos tampoco cayeron en gracia. Lo último que se supo de ella es que esperaba su turno en el corredor de la muerte en una cárcel en Indiana.
La prensa habló de odio a su propia raza ya que todas las víctimas eran afroamericanas, pero ambos alegaron que no.

4 nov. 2011

Phoolan Devi



Phoolan Devi, conocida como “La Reina de los Ladrones” en la India, nació en 1963 en el seno de la subcasta mallah, una de las más bajas del país. A los 11 años, Phoolan fue entregada como esposa a un hombre que tenía 20 años más que ella y quien abusó de la chica hasta que ella escapó y trató de volver con su familia, pero estos la rechazaron y la acusaron de robo, por lo que fue llevada a prisión, donde fue violada repetidamente.

Tras su estancia en la cárcel, sobrevivió llevando a cabo pequeños robos y pronto fue acogida en una cuadrilla de bandoleros y ladrones de caminos, comandada por Vikram, con quien se casó. Poco tiempo después, asaltó la aldea de su ex-marido, asesinándolo y exhibiendo su cadáver públicamente. Siguieron asaltando aldeas, donde capturaban a los hombres más ricos y pedían rescate por su liberación, pero frecuentemente los mataba la misma Devi.

La cuadrilla de Vikram fue atacada y él resultó muerto. Phoolan fue secuestrada y violada nuevamente, pero consiguió escapar. Reorganizó la banda y la crueldad y cuantía de los crímenes se incrementó, vengándose de pasada de quienes habían atacado a su grupo original, una matanza donde Phoolan no dejó vivo a nadie

En 1983 el gobierno hindú llegó a un acuerdo con Devi y esta se entregó a las autoridades. Pasó 11 años en la cárcel acusada de 48 crímenes pero al salir, en 1994, comenzó una intensa actividad política que la colocó en un escaño del parlamento hindú desde 1996 al 2001, año en que fue asesinada a tiros fuera de su residencia en Nueva Delhi.

Se desconoce el número de personas que asesinó Phoolan Devi, pero el conteo más modesto es de 20 y hay quienes piensan que quitó la vida a más de un centenar de personas.

27 oct. 2011

Marilyn Plantz

Las autoridades del estado de Oklahoma han ejecutado a una mujer que hace 13 años asesinó a su marido para cobrar su seguro de vida. Marilyn Kay Plantz, de 40 años y madre de dos niños, es la segunda mujer a quien este año se aplica la pena de muerte en ese estado.

La mujer recibió una inyección letal en la Penitenciaría-Estado de McAlester, ha explicado un portavoz oficial. La primera mujer ejecutada este año en Oklahoma fue Wanda Jean Allen, ejecutada el pasado 11 de enero por el asesinato de su amante, otra mujer, durante una pelea. Plantz fue declarada culpable de planear el asesinato de su marido, que fue llevado a cabo por su amante, William Clifford Bryson, y un cómplice. Por este delito, Bryson fue ejecutado en junio del año pasado y su cómplice fue condenado a cadena perpetua. Atada a una camilla y poco antes de ser inyectada en un brazo, la mujer agradeció la presencia de siete testigos, entre ellos tres primos suyos. «Quiero decir que amo a toda mi familia, especialmente a Trina y Chris [sus dos hijos]», aseguró. 

 Durante el juicio, las autoridades señalaron que Marilyn Plantz esperaba cobrar 300.000 dólares del seguro de vida de su marido, quien había sido asesinado por Bryson y su cómplice en el interior de un vehículo al que posteriormente prendieron fuego. Fuentes judiciales han indicado que la pena de muerte fue decidida después de que los miembros del jurado establecieran que el asesinato había sido cometido por remuneración y ejecutado con extrema crueldad. En lo que va de año se han llevado a cabo 11 ejecuciones en el estado de Oklahoma y en este mes se espera se aplique la pena de muerte a otras dos personas.

25 oct. 2011

Aurora Rodríguez Carballeira


La mañana del sábado 9 de junio de 1933, Aurora Rodríguez Carballeira se acercó al dormitorio de su hija donde ella dormía y se detuvo en frente de ella durante unos segundos para observarla. Seguidamente con la frialdad de un asesino sin escrúpulos le disparó dos veces en la cabeza, otra en el corazón y la última en el pecho. Cuatro disparos hicieron falta para asegurarse de que su hija estaba muerta. Terminado su “proyecto” se dirigió a la comisaría donde se entregó.

Aurora Rodríguez Carballeira era la tercera hija de un matrimonio acomodado. Apenas estudio durante su juventud. Sin embargo cuando se quedó sola en casa comenzó una carrera cultural sin precedentes. Durante un periodo de su vida vivió con su hermana que había sido madre soltera. Crió al niño de esta como si fuera suyo. Le enseñó a tocar el piano y llegó a convertirse en el “Mozart español”, el celebre Pepito Arriola. Sin embargo, su hermana se llevó al niño y ella se sintió sola. Fue entonces cuando decidió tener un hijo. Eligió a un hombre, un marino de 35 años con el que tuvo unos “20 encuentros” hasta cerciorarse de quedar embarazada. Cuando esto ocurrió abandonó al marino. Durante la gestación se sometió a una dieta nutritiva rigurosa, a ejercicios calisténicos y ponía el reloj despertador a cada hora para cambiar de postura mientras dormía, para no perturbar el desarrollo del feto.

A su hija la llamó Hildegart. A los tres años sabe leer, a los diez habla alemán, inglés y francés. Concebida como experiencia científica, la niña carece de infancia. Se dedica al estudio constante, con dos temas prioritarios: la filosofía racionalista y todo lo relacionado con el sexo. Su madre piensa que es la única forma de que no caiga en la trampa que esteriliza el talento de muchas mujeres. A los 13 años acaba el Bachillerato, a los 17 se licencia en Derecho y comienza la carrera de Medicina. Alcanza prestigio internacional en el campo de la sexología y siente ansias de independencia y libertad, por lo que se enfrenta a su madre. Hildegart era una chica “poco agraciada”, pero pronto comenzó a arreglarse, a vestirse elegante y fue entonces cuando los hombres ya no solo la veían como una chica inteligente sino como una chica atractiva. Empezó a salir con hombres, a cartearse con ellos y a salir del hogar familiar. A su madre todo esto no le gustaba, estaba viendo que su hija se estaba apartando de su “proyecto” la amenazó con suicidarse sino cambiaba, pero Hildegart no le hizo caso. Aurora Rodríguez fue condenada a 26 años, ocho meses y un día de prisión. Pero no cumplió su castigo: la mañana del 18 de julio de 1936 desapareció de la cárcel (se ignora si se fugó o la liberaron), y no volvió a saberse nada más de ella.

23 oct. 2011

Las hermanas diabólicas


Gabriela Vásquez, de 21 años, asesinó a su padre a puñaladas “para liberarlo del demonio” e intentó hacer lo mismo con su hermana de 29, quien también participaba del exorcismo. El sangriento episodio, ocurrido en una casa de Villa Urquiza, parece escapado de un film de terror.

La escena que los policías presenciaron cerca del mediodía del lunes 27 de marzo de 2000 en la vivienda de Manuela Pedraza 5873, casi esquina Ceretti, fue tan o más escalofriante que cualquiera de las que puede verse en El exorcista (1973), la película de William Friedkin basada en el best-seller de William Peter Blatty.

Luego de concurrir al lugar ante una denuncia de los vecinos por ruidos molestos y alertados por los alaridos provenientes del interior, los agentes de la Comisaría 49ª rompieron el cristal esmerilado de la puerta de entrada y fueron testigos del momento exacto en que el dueño de casa era apuñalado repetidamente en la cara por su hija menor.

Cuando por fin pudieron derribar la puerta e ingresar se encontraron con un cuadro espantoso: el cuerpo sin vida de Juan Carlos Vásquez (50) yacía en el living sobre un charco de sangre tras haber recibido más de cien tajos en todo su cuerpo. A su lado estaban sus hijas Gabriela (29), muy herida, y Silvina (21), quien aún tenía en su mano el cuchillo Tramontina que había utilizado para consumar su propósito y con el que también pretendía matar a su hermana. Las chicas, que al igual que el padre estaban desnudas y bañadas en sangre, se hallaban en estado de trance y con la mirada extraviada.

“¿Qué quieren? Esto no es real, váyanse”, les gritó Silvina a los policías con voz ronca, casi de hombre. “El diablo estaba en papá. Mamita, mamita [la madre había fallecido años antes], ahora papito se va a volver bueno”, continuó profiriendo. La joven tenía tanta fuerza que hizo falta toda la brigada para controlarla.

Uno de los uniformados dijo que al cuerpo le habían sacado los ojos y que había signos de canibalismo, de hecho vieron a las dos hermanas escupir pedazos de la cara que le habían arrancado al padre a mordiscones. La víctima tenía además cortes esotéricos sobre su torso, consistentes un círculo que encerraba un triángulo.

Ese signo de purificación le fue realizado mientras estaba con vida, es decir que Juan Carlos Vásquez lo consintió. Silvina lo agredió mientras estaba de pie y así lo muestran los rastros de sangre emanada hacia abajo. La autopsia reveló que las cuchilladas más violentas fueron hacia su cabeza y cuello y que la mayoría de ellas eran en forma de cruz.

Las heridas que le provocaron la muerte fueron especialmente las producidas en el cuello y la cara: Silvina decía que por allí se había “metido el muñeco”. La creencia de que Satanás entra por la cara la habría llevado a tajear más tarde el rostro de su hermana. Otro de los policías señaló que había sangre por todos lados, hasta en el techo, y que escuchó hablar a un hombre (se refería a la voz gutural de Silvina), aunque la única persona de sexo masculino yacía inerte en el piso.

Las hermanas fueron detenidas e internadas en el Hospital Pirovano, a donde ingresaron con convulsiones. Gabriela dio un nombre falso y dijo que tenía 45 años, mientras Silvina pronunciaba frases incomprensibles en un acento que algunos interpretaron como portugués.

Las sospechas de una relación incestuosa son ratificadas por numerosos testimonios de vecinos. Esta hipótesis adquiere fuerza debido a que en el pene de Vásquez fueron hallados restos de semen. Los forenses dijeron que podía ser causado por el proceso de la muerte o por una relación sexual no acreditada.

“Suponiendo que Vásquez haya abusado sexualmente de Gabriela, Silvina no podía aceptar a su padre como el responsable de tal acto: todo era culpa del Diablo, que se había posesionado de él para luego invadir el cuerpo de su hermana -afirma la psicóloga Isabel Monzón-.

Con su delirio, la joven podría estar hablando de un diabólico padre que cometía abuso incestuoso contra Gabriela y, tal vez, también contra ella misma”

19 oct. 2011

Jane Toppan


Nacida en Boston en 1854 (su nombre original era Nora Kelly), su madre murió cuando era aún una niña pequeña y su padre, un sastre, fue internado en un hospital psiquiátrico por tratar de coser los párpados de Nora. Pasó un breve tiempo en un orfanato y después se fue a vivir con la familia Toppan, quienes le cambiaron el nombre a Jane aunque jamás la adoptaron formalmente. Creció resentida con su madre adoptiva, quien era abusiva con ella y odiaba a su hermanastra Elizabeth, la consentida de la familia. A pesar de esto, llevó una vida más o menos normal hasta que, siendo una mujer joven, fue abandonada por su prometido, lo que le produjo una crisis nerviosa tras la cual trató infructuosamente de cometer suicidio.

En 1885 entró a la escuela de enfermería donde solía obtener excelentes notas, aunque algunos se sorprendieron por su excesivo interés en las autopsias. También comenzó a experimentar con los efectos de la morfina y de la atropina en los pacientes e, incluso, fue recomendada para trabajar en el prestigioso Massachusetts General Hospital. Eventualmente, fue dada de baja después de que dos pacientes murieron misteriosamente mientras se encontraban bajo su cuidado aunque otras fuentes mencionan que fueron varias docenas.

Tras este breve traspié, comenzó a trabajar como enfermera privada con cierto éxito, a pesar de algunas quejas de sus empleadores por pequeños robos. Aún así, era considerada una enfermera tierna y sensible quien regularmente se hacía cargo de los ancianos enfermos de las familias acomodadas de Boston. Sin embargo, demasiados pacientes morían bajo sus cuidados cuando les administraba sus “pócimas especiales”. A lo largo de dos décadas Jane acumuló un número incontable de víctimas que sucumbieron a sus mortíferos cocteles de morfina. Se dice que fueron 31 muertes, pero en realidad el número pudo haber sido mucho mayor.

Jane no solamente mataba pacientes. En 1895 mató a sus caseros y en 1899 a su hermanastra Elizabeth, a quien le administró una dosis letal de estricnina la cual, como se sabe, produce una muerte espantosa, con terribles dolores y convulsiones.

En 1901, Toppan se hizo cargo de el anciano Alden Davis y se instaló en su casa. Mató a la esposa y a Alden Davis, así como a dos de sus hijas. Luego regresó a su ciudad natal y comenzó a cortejar al viudo de su hermanastra (a quien Jane había matado) y asesino a la hermana de éste. Luego envenenó a su pretendido para poder hacerse cargo de él y devolverle la salud. Incluso, se envenenó a sí misma con el objeto de provocar la lástima de el pobre hombre. Sin embargo, el engaño no funcionó y fue expulsada de la casa.

Para entonces, las sospechas en torno a esta mujer habían crecido considerablemente y los sobrevivientes de la familia Davis pidieron un examen toxicológico de la hija menor del difunto Alden Davis. El examen, como es lógico suponer, demostró que ésta había muerto de una dosis letal de atropina y morfina.

Finalmente, Jane Toppan fue arrestada el 29 de Octubre de 1901.

Estando bajo custodia, Jane confesó haber cometido 31 asesinatos aunque se piensa que un número más realista sería entre 70 y 100. En el juicio, llevado a cabo en 1902, los médicos declararon que Jane Toppan había nacido con una “débil condición mental”. Estando en la corte, Jane dijo: “Esa es mi ambición. Matar más gente (más gente indefensa) que cualquier otro hombre o mujer que haya existido jamás”.

A pesar de todo esto, fue hallada no culpable por razón de insania (locura) y fue enviada al asilo de Tauton, en Massachusetts en donde pasó el resto de su vida hasta que murió, en Agosto de 1938 a la edad de 84 años.

Aunque los trabajadores del hospital la recuerdan como una anciana callada y tranquila, aún tenía fantasías homicidas. Algunas de las cuidadoras recuerdan haberla oído decir: “Traiga algo de morfina, querida, y vayamos al pabellón. Usted y yo nos divertiremos muchísimo viéndolos morir”

17 oct. 2011

Remedios Sánchez Sánchez



Condenada a 144 años y 7 meses de prisión a Remedios Sánchez Sánchez, conocida como "la Reme", por el asesinato de tres ancianas, la tentativa de asesinato de otras cinco, siete delitos de robo con violencia y uno de hurto.

La corte condeno también a Remedios Sánchez, de 50 años, a pagar indemnizaciones que oscilan entre 19.000 y 120.000 euros a las víctimas o a sus familias, mientras le absuelve de otro delito de asesinato en grado de tentativa cuya autoría no se considera probada. Los hechos ocurrieron entre el 10 de junio y el 3 de julio del año 2006 en Barcelona, España cuando en menos de un mes Remedios Sánchez cometió todos sus ataques y asesinatos, que fueron "especialmente violentos y contra ancianas que no podían defenderse", y a las que intentaba asfixiar o estrangular con diversas prendas. El tribunal indica que los delitos juzgados merecen "una gran repulsa social" porque "todas las víctimas eran ancianas, especialmente vulnerables, por las limitaciones físicas y psíquicas propias de su edad" -una de ellas tenía 96 años-, razón por la que fueron elegidas por Sánchez, que "aprovechó la bondad e ingenuidad de las mismas para acceder a sus domicilios y realizar los hechos".

La Sala entiende que Remedios Sánchez "asumió conscientemente que podía causar la muerte de las tres ancianas, con los agresivos ataques que desarrolló", y que "conocía el peligro concreto que creó con su conducta para la vida de las víctimas, a pesar de lo cual ejecutó la acción, aceptando la producción del resultado".

Los jueces condenan a "la Reme" basándose en las abundantes pruebas presentadas contra ella, tanto con el reconocimiento de testigos como por los objetos y joyas robadas halladas en su poder. El tribunal la condena por delitos de asesinato o tentativa de asesinato al apreciar que la acusada "buscó deliberadamente a sus víctimas y planeo sus agresiones con el fin de eliminar cualquier defensa y asegurar la ejecución de su propósito", lo que configura la circunstancia agravante de la alevosía.

Por contra, el tribunal descarta que sufra ninguna enfermedad mental ni trastorno de la personalidad y subraya que los peritos pusieron de manifiesto que Remedios Sánchez presenta una inteligencia dentro de la normalidad sin ninguna alteración psíquica. La Sala ni siquiera aprecia la existencia de una ludopatía, pese a que la procesada, tras alguno de los crímenes, acudió sin más tardanza a gastarse el dinero en bingos o salas de juego.

Lo único que apreciaron los peritos fue "algunos rasgos de su personalidad negativos, como la dureza emocional, la impulsividad y la dificultada para asumir su responsabilidad", que no pueden considerarse como un trastorno de la personalidad.

7 oct. 2011

Samira Jassam


Una mujer sospechosa de reclutar a más de 80 mujeres terroristas suicidas ha confesado que ella organizó las violaciones, para luego convencerlas de que el martirio era la única forma de escapar de la vergüenza y redimirse. En el islam la violación es una de las mayores vergüenzas que puede sufrir una mujer, cuando una de las víctimas reporta la gresión sexual es repudiada y en muchas ocasiones incluso castigada, recibiendo latigazos por haber provocado el asalto.
Samira Jassam también conocida como Um al-Mumenin, que significa “la madre de los creyentes”, de 51 años de edad, fue arrestada el 21 de enero por la policía iraquí tras confesar haber organizado emboscadas a mujeres con el fin de que estas fueran violadas, los ataques se cuentan por decenas, afirmó el Mayor General Qassim Atta.
En un vídeo Samira Jassam hizo una confesión, en la que explicaba cómo las preparaba mentalmente para las operaciones de martirio, explicandolas que la única forma de evitar la vergüenza y redimir su culpa era dando su vida por la Yihad (guerra santa), después las mandaba con terroristas que proveían a las mujeres con los explosivos necesarios para inmolarse. Finalmente la madre de los creyentes llevaba a estas mujeres a los lugares donde estaban sus objetivos.
Samira confesó su responsabilidad por estas acciones, y confirmó que 28 intentos fueron preparados en la base de los terroristas, supuestamente ella está vinculada al grupo insurgente Ansar al-Sunnah.
Dos de los ataques de los que Samira Jassam ha admitido ser responsable en un video confesión tuvieron lugar en la provincia de Diyala, en el centro de Iraq, zona que es considerada una de las más peligrosas del país. Los reportes militares de la prensa asociada de EE.UU. muestran cifras que indican que por lo menos 36 mujeres terroristas suicidas intentaron o llevaron a cabo 32 ataques el año pasado. Con frecuencia las mujeres pueden pasar por los puestos de control militar sin ser revisadas, esto hace que sea más fácil para ellas ocultar explosivos bajo sus ropas tradicionales.
Tras ser capturada por la policía de Iraq, Samira confiesa sin remordimiento sus acciones, que por sus creencias religiosas son justificables por el Corán. Ahora es madre de sus colegas en una cárcel de Iraq ya que sus víctimas son mártires por la causa de Alá, mientras espera el juicio en su contra.

1 oct. 2011

Susan Smith


Susan Smith nació en Union (Carolina del Sur, Estados Unidos) el 26 de septiembre de 1971, como Susan Leigh Vaughan. Su padre biológico se suicidó de un disparo cuando Susan tenía siete años. Además su padrastro, un acaudalado hombre de negocios de Union, la había acosado sexualmente cuando ella tenía dieciséis años. Susan intentó suicidarse a los trece años. No lo consiguió y volvió a tratar a los dieciocho.
Tenía diecinueve años cuando se casó con David, de veinte, gerente de la tienda local Winn-Dixie. Para 1994, la joven pareja había tenido dos hijos: Michael, de tres años y Alex, de catorce meses.
Por un tiempo el matrimonio pareció ser exitoso, pero antes de mucho tiempo las discusiones acerca de las infidelidades de uno y de otro sirvieron para colocarlos cerca del punto de ruptura. Finalmente, David se mudó y se estableció en su propio apartamento. Pero su deseo siempre era irse "de este maldito pueblo", solía decir. Su anhelo era dejar la pobreza y las costumbres pueblerinas. Quería una gran vida.
En octubre de 1994, su nombre fue noticia y hasta el presidente Bill Clinton se solidarizó con ella, porque se creía que sus dos pequeños hijos habían sido secuestrados. Mientras miles de voluntarios rastreaban una amplia zona, la rubia y atractiva Susan, de 26 años, clamaba por Alexander (14 meses) y Michael (3 años). "Hijitos, tienen que ser fuertes. Mamita los quiere mucho y pronto estaremos juntos otra vez", decía llorando frente a las cámaras de TV.
Según su relato, un joven negro la obligó a parar en la ruta y se llevó a sus hijos en el auto anunciando que pediría un rescate. Fueron diez días que conmovieron a EE.UU. La tevé repetía videos familiares con los nenes jugando con Susan y su marido, de quien estaba separada.
Pero el misterio terminó cuando la Policía local hizo un anuncio que estremeció a todos. Ante la presión de los investigadores Susan confesó que ella había llevado a sus dos hijos en el coche, les ajustó el cinturón de seguridad y después empujó el auto por una pendiente hasta que se hundió en el lago John D. Long. ¿El motivo? Susan quería cumplir su sueño de vivir la buena vida y se relacionó con el millonario del pueblo, Tom Findlay. Pero un día el hombre terminó la relación. Su argumento para la ruptura fue que no tenía interés en criar a los dos hijos que ella había tenido en un matrimonio anterior. "No quiero chicos dando vueltas", le dijo. Entonces, ella decidió matarlos.
La transformación de Susan Smith en nueve meses de prisión fue radical, al menos en su apariencia externa. La joven atractiva que pedía al país por televisión que le ayudara a encontrar a sus hijos, apareció en el juzgado pálida, obesa y mordiéndose las uñas. El vídeo de la reconstrucción de los hechos conmocionó a todos los presentes en el juicio. La cámara de vídeo instalada en el asiento trasero por la misma Susan reproducía con dramática lentitud el horror.
Al principio, el joven fiscal de Union pensó que sí, al igual que la mayoría de sus convecinos, dolidos por la traición de Susan. Pero un buen abogado, célebre defensor de la lucha contra la pena de muerte, y el paso del tiempo, fueron apagando las pasiones desatadas en un primer momento y terminaron decantando la cuestión hacia su «molino». El pasado 28 de julio, en apenas dos horas y media, un jurado de habitantes de Union -sus vecinos- decidió que Susan Smith no debía morir. Su sentencia fue la de cadena perpetua.
Dave Smith, el padre de Michael y de Alex, al que toda América vió, durante meses, hundido, anegado en lágrimas y roto por el dolor, había pedido que Susan fuese condenada a muerte y se declaró decepcionado por el veredicto. Su libro (Mi vida con Susan Smith) ocupa, ahora mismo, la segunda plaza de los best-sellers del New York Times.

8 sept. 2011

Beatrice Cenci


Beatrice fue la hija de Francesco Cenci, un aristócrata que, debido a su temperamento violento e inmoral, más de una vez se encontró involucrado en problemas con la justicia papal. Vivían en el rione (barrio) Regola de Roma, en Palazzo Cenci, construido sobre las ruinas de un palacio medieval fortificado ubicado en el borde del ghetto judío en Roma. Con ellos vivían el hermano mayor de Beatrice, Giacomo, la segunda esposa de Francesco, Lucrezia Petroni, y Bernardo, el joven nacido del segundo matrimonio de Francesco. Los Cenci eran además dueños de un castillo, La Rocca, ubicado en una villa cercana a Rieti (norte de Roma) llamada Petrella del Salto.

De acuerdo con la leyenda, Francesco Cenci abusaba frecuentemente de su esposa e hijos, y llegó al punto de cometer incesto con Beatrice. Él había sido encarcelado por otros crímenes, pero gracias a la indulgencia con la que los nobles eran tratados, el hombre era liberado rápidamente. Beatrice intentó alertar a las autoridades sobre los distintos abusos, pero nada sucedió, a pesar de que todos en Roma sabían qué clase de persona era su padre. Cuando Franceso se enteró de que su hija lo había reportado, la envió junto con su madre lejos de Roma, a vivir en el castilo de la familia. Hartos del comportamiendo del hombre, los cuatro Cenci decidieron matarlo para poner fin a los abusos, y organizaron un complot. En 1598, durante una de las visitas de Francesco al castillo, dos vasallos (uno de los cuáles se había convertido en el amante de Beatrice) intentaron envenenar al hombre, pero el intento fracasó, por lo cual Beatrice, sus hermanos y su madre adoptiva golpearon a Francesco con un martillo hasta matarlo, y arrojaron el cuerpo desde un balcón para que todo pareciera un accidente. Sin embargo, nadie creyó que la muerte de Cenci fuera un accidente realmente.

De alguna forma la ausencia del hombre fue notada, y la policía papal inició una investigación para determinar qué había sucedido. El amante de Beatrice fue torturado, y murió sin revelar la verdad. Mientras tanto, un amigo de la familia, conocedor del homicidio, ordenó la muerte del segundo vasallo, para evitar cualquier riesgo. A pesar de todo, el complot fue descubierto, y los cuatro miembros de la familia Cenci fueron arrestados, encontrados culpables, y sentenciados a muerte. Los habitantes de Roma, conocedores de los motivos del asesinato, protestaron contra la decisión del tribunal, consiguiendo un pequeño aplazamiento de la ejecución. Sin embargo, el papa Clemente VIII no mostró clemencia alguna: el 11 de septiembre de 1599, al alba, la familia fue llevada al puente del Castillo Sant'Angelo, donde la sentencia se llevaría a cabo.

Giacomo fue descuartizado, y posteriormente sus extremidades fueron colgadas a la vista del público. Lucrezia y Beatrice fueron decapitadas con una espada. Sólo el hermano menor se salvó de la muerte, pero aun así fue llevado hasta el sitio de la ejecución para presenciar la muerte de sus familiares, antes de ser devuelto a prisión y de que sus propiedades fueran confiscadas para pasar a manos de la familia del papa. Beatrice fue enterrada en la iglesia de San Pedro en Montorio. Para la gente de Roma, Beatrice se convirtió en un símbolo de resistencia contra la aristocracia, y una leyenda surgió: cada año en la noche antes del día de su muerte, ella volvió al puente cargando su cabeza.

7 sept. 2011

Gwendolyn Graham and Cathy Wood



En Walker, Michigan, Estados unidos, Gwendolyn Graham y Catherine May Wood (ambas enfermeras de menos de 25 años) asesinaron 5 ancianas en Grand Rapids, Michigan, durante la decada de los 80´s. Cometieron sus crimenes en la clinica de ancianos "Alpine Manor" en la cual ambas trabajaban, una jefa nde la otra. Cathy era divorsiada y subio tremendamente de peso, pero eso no le importo a Gwendolyn.

Graham y Wood se hicieron amantes en 1986. Empezaron con ideas de asesinato, Gwen fue la primera en mencionarlo, empezaron con juegos sexuales, principalmente la asfixia, llegando al orgasmo con eso, después el sadismo y la crueldad empezó a subir al grado de pensar en “aplicarlo” a otras personas, ademas de jugar scrable, y poner un reto, de matar perosonas cuyas iniciales de las victimas formaran la palabra “MURDER”. En Enero de 1987, una de las pacientes de la clínica murio, aparentemente de muerte natural por lo cual no se le practico autopsia. En los próximos meses, 5 pacientes mas murieron de igual manera. La mayoria de sus victimas sufian de Alzheimer's, y llegando a robar las pertenencias de las ancianas. Hubo momentos en que estas mujeres tenían sexo después de matar a sus victimas.

Supuestamente, una amenazado a la otra, Gwen estuvo involucrada sexualmente con otra mujer, y estuvo a punto de irse a trabajar a un hospital en Texas, a cuidar niños.

Ambas mujeres se jactaban de haber sofocado a 6 personas pero al principio no les creían. Un años después, el ex esposo de Wood le conto esta historia a la policia por lo que algunos de los cuerpos de las supuestas victimas de haber sido sofocadas fueron exhumados, la policia, tenia en la mira a 8 personas como sospechosos, y se hizo la investigtación más afondo. Habia suficiente evidencia como para arrestar a Wood y Graham.

En Dicimbre de 1989, Graham fue arrestada en su casa en Tyler, Texas, sim embargo ella manifesto los dichos se habian tratado de una broma con el solo afan de asustar a sus compañeras de trabajo. Durante el juicio, Wood suplico que se le reduzca la sentencia ya que habia sido Graham la que habia planeado y realizado los homicidios mientras que ella solo se encargo de distraer a sus supervisores. En 3 de Noviembre 1989, se dicto la sentencia, en ella se condeno a cadena perpetua a Graham y a 24 años de prision a Wood.


2 sept. 2011

Betty Johnson Neumar,


Una aparentemente dulce anciana de cabellos plateados, ha entrado en prisión en EE UU, a sus 76 años, por ser sospechosa de haber asesinado a los cinco esposos con quien compartió su vida para poder cobrar sus seguros. La policía cree que el dinero fue el móvil que llevó a esta mujer a comenzar con sus crímenes en los años cincuenta, según la información difundida por varios medios locales.

Dos tiroteos, un supuesto suicidio, un envenenamiento... Demasiada casualidad
A la espera de ser juzgada, la mujer está actualmente en una cárcel de Carolina del Norte acusada de haber contratado a un hombre para asesinar a su cuarto marido, Harold Gentry. Esto ha llevado a las autoridades a reabrir viejos expedientes para volver a analizar las "extrañas circunstancias" en las que murieron sus otros maridos. Dos tiroteos, un supuesto suicidio, un envenenamiento... Demasiada casualidad.

Johnson, nacida en 1931 en Ironton (Ohio), se graduó en 1949 y contrajo matrimonio a los 18 años con Clarence Malone, de 19, en noviembre de 1950. Un año más tarde declaró en un tribunal que recibía malos tratos de su marido, pero pese a todo tuvieron un hijo, Gary, en 1952 y finalmente se separaron.

Malone murió en noviembre de 1970 en la parte trasera de la tienda que regentaba en un pequeño pueblo al sudeste de Cleveland y la policía archivó el caso como un homicidio, aunque no se encontraron indicios de robo.

Tras su separación de Malone, Johnson contrajo matrimonio con James A. Flynn, que apareció muerto en un embarcadero en Nueva York a mediados de los cincuenta. En 1960 llegó el tercer marido, Richard Sil, quien fue encontrado muerto en 1965 en su apartamento con un disparo. Supuestamente fue un suicidio, aunque ahora la policía ha vuelto a abrir el caso.

La aparente dulce anciana se fue embolsando miles de dólares de los seguros de vida

Tres años después, la ahora supuesta 'viuda negra' se casó con Gentry y cinco años más tarde volvió a contraer nupcias con el que ha sido su último marido, John Neumar, que falleció en octubre pasado presuntamente por una infección bacteriana. Los investigadores están volviendo a analizar los restos de su quinto esposo para ver si existe "cualquier otro factor" que contribuyó a su muerte, incluso si fue envenenado con arsénico.

La conclusión de los agentes es que los asesinatos de los cinco maridos de Johnson fueron ordenados o ejecutados por ella. Mientras tanto, la aparente dulce anciana se fue embolsando miles de dólares de los seguros de vida que recibía tras la muerte de sus esposos.

30 ago. 2011

Francisca Gonzalez Navarro




“La Parricida de Santomera”

Francisca González Navarro, de 35 años, ha sido encontrada culpable de haber dado muerte a dos de sus hijos, de 6 y 4 años, asfixiándolos con el cable del cargador de un teléfono móvil, según el veredicto dado a conocer hoy.

Para los miembros del jurado, cinco hombres y cuatro mujeres, la procesada ejecutó el crimen en la madrugada del 19 de enero de 2002, "aunque el plan lo había concebido con anterioridad",
Para ejecutarlo, Francisca "entró en el dormitorio del matrimonio, donde dormían sus dos hijos, y procedió a anudar al cuello de F.M., de seis años, el cable del cargador exigiéndole, al despertarse éste por la agresión, que se diera la vuelta y se pusiera boca abajo, para llevar a cabo su trabajo con mayor facilidad."
Añade el veredicto que el pequeño gritó en petición de auxilio, y aunque sus gritos fueron escuchados por el hijo mayor del matrimonio, de 14 años, "éste no acudió al dormitorio porque conocía que la madre les golpeaba con frecuencia y pensó que también en esa ocasión les estaba golpeando".

Afirman los jurados que "la madre apretó el cable hasta causar la muerte por asfixia a sus dos hijos menores, que, además de las señales características de la estrangulación que presentaban en los cuellos, tenían también otras lesiones en sus caras".

Tras cometer el doble crimen, Francisca González rompió el cristal de una ventana y escondió unas joyas para hacer creer que personas desconocidas habían entrado en la vivienda para robar.
Otras de las acciones realizadas por ella, añade el veredicto, fue "desprenderse de su pijama y meterlo en la lavadora, junto con la camiseta que llevaba el mayor de sus hijos fallecidos, todo ello, en un intento de eludir pruebas".

Los jurados dan por probado que la procesada "se drogaba desde varios años atrás, y que el día de los hechos consumió cocaína y unos fármacos, pero estimamos que no afectó a su consciencia y voluntad".

También recogen que estaba celosa de su marido desde que se enteró de sus infidelidades "e incluso llegó a sentir miedo de él, ya que le pegaba con frecuencia y la maltrataba psíquicamente, pero consideramos que ello no afectó en nada a su voluntad y consciencia".

Tras la lectura del veredicto, el fiscal reiteró su petición de condena, que se eleva a 40 años de cárcel por dos delitos de asesinato, mientras que el letrado de la acusación particular, Evaristo Llanos, además de pedir lo mismo, solicitó a la magistrada- presidente "que no le tiemble el pulso a la hora de fijar la pena y que se haga Justicia". Por su parte, el letrado de la defensa, Cándido Herrero, dijo que "una vez que el jurado ha dado por probados los malos tratos, que se tenga ello en cuenta y no se aplique la ley con el máximo rigor".

Karla Faye Tucker


Karla Faye Tucker era una prostituta, adicta a las pastillas, que bebía como un cosaco. Cuando no estaba haciendo de las suyas, solía estar con Danny Garrett.
El 13 de junio de 1983, por la noche, Karla, Danny y un amigo, Jimmy Leibrant, decidieron que iban a robarle algunas piezas de una motocicleta al joven Jerry Dean. Cuando llegaron al apartamento de Jerry, éste estaba en su habitación pero no estaba solo. Esa tarde, le había acompañado Deborah Ruth Thornton, de 32 años.
Jerry suplicó que lo dejaran en paz, pero en vez de eso, Danny tomó un martillo de entre las herramientas esparcidas por la habitación y le dio un golpe en la cabeza. Karla agarró una piqueta y le asestó a Jerry varios golpes en la espalda. Jimmy Leibrant, viendo que las cosas se estaban yendo de las manos, se marchó. Danny le quitó a Karla la piqueta y remató a Jerry, asestándole un golpe directamente en el pecho. En ese momento, Karla vio a Debbie Thornton temblando debajo de las sábanas y mantas. Karla le dio un golpe con la piqueta y, una vez más, Danny, muy atento, remató a la víctima de Karla. Este par de asesinos pasó desapercibido dos meses. Cuando se jactaron de los asesinatos ante la hermana de Karla, Kari, y su novio, Douglas Garrett, quien precisamente era hermano de Danny, fueron demasiado lejos. Kari y Douglas, temiendo por sus vidas, se pusieron en contacto con la policía.
El 3 de febrero de 1998, Karla Faye Tucker, quien juraba haberse reconvertido en una mujer cristiana, fue ejecutada mediante una inyección letal en Texas. Danny Garrett falleció en 1993 en prisión, a causa de una cirrosis.

25 ago. 2011

Winnie Judd “La Asesina del Baúl”




1931, Phoenix, Arizona (Estados Unidos): Winnie Judd “La Asesina del Baúl” mata a balazos a 2 amigas suyas; luego las descuartiza y las mete en dos baúles para viaje, los cuales transporta hasta la estación de ferrocarriles. Viaja con ellos hasta que es detectada en una estación. Deja su equipaje y huye. Tras una investigación, es arrestada. Se le juzga y sentencia a muerte. Luego de varias apelaciones que demuestran su inestabilidad mental, es recluida en una institución psiquiátrica y sale libre en 1983. Muere en 1998.

15 ago. 2011

Minnie Dean


El 12 de agosto de 1895, Minnie Dean se convirtió en la primera mujer que fue colgada en Nueva Zelanda. Su crimen fue el « cultivo de niños ». Adoptaba niños no deseados por determinada suma y después se deshacía de ellos, un « servicio » que empezó en 1889. La policía cayó sobre Minnie después de seis años y encontró que ciertamente era culpable cuando desenterraron tres cuerpos de niños en su jardín de flores.

4 ago. 2011

Helene Jegado


No sabía leer ni escribir, y tampoco había mucha lógica detrás de sus asesinatos. Siempre que alguien la ofendía en una disputa o la acusaba de haber robado algo (tenía fama de cleptómana), inevitablemente esta persona terminaba muerta. Después, se encargaba de cuidar a la víctima en su agonía y lloraba amargamente cuando llegaba su fin, uniéndose a la familia del muerto en los lamentos y rezos como si se tratara de su pariente.

Helene Jegado nació alrededor de 1803 en Bretaña, Francia. Para cuando tenía 7 años, sus dos padres habían muerto. Entonces fue enviada a la casa del pastor local donde dos de sus tías trabajaban como sirvientes y estuvo ahí hasta que cumplió 24 años, que fue cuando comenzó su carrera como envenenadora.

Trabajó como cocinera y doméstica en 12 diferentes ciudades, donde tenía acceso a la comida de la familia a la que servía, y la cual aderezaba con arsénico. Helene al parecer no discriminaba. Mataba hombres, mujeres y niños por igual.

A pesar de la mala reputación que iba dejando a su paso, siempre lograba conseguir empleo. Cuando estuvo trabajando en la ciudad de Guem, envenenó a 7 personas, y a tres más antes de dejar la ciudad, no sin que algunos sospecharan que tenía algo que ver. Cuando un juez la interrogó al respecto, ella dijo que su desgracia era cuidar de los enfermos, y que esa mala suerte la perseguía. Fue exonerada rápidamente.

Se trasladó a la ciudad de Locmine donde trabajó para una familia. Pronto murió la madre y uno de los hijos cayó enfermo. Se dice que le confesó a una de las hijas antes de que la madre muriera) que esperaba que falleciera. “Yo llevo la muerte conmigo”, dijo Helene.

Después entró en un convento, pero fue expulsada pronto, acusada de haber roto las sábanas de todas las camas, pero ella dijo que la habían rechazado porque era demasiado vieja para aprender a leer y escribir.

Su siguiente empleadora, Hippolyte Roussel, le preguntó un día a Helene si ella había tomado el paraguas de otro de los sirvientes, y la mujer cayó enferma con severos vómitos tras comer una sopa que le preparó Helene. Cuando la policía le preguntó acerca del asunto, ella respondió que la mujer hubiera enfermado aún cuando no tomara su sopa, y cuando le preguntaron por qué apenas podía caminar, ella respondió que antes de tomar la sopa tampoco podía hacerlo. Tenía una gran facilidad para escapar de la ley, y poco después de este interrogatorio, la hija más pequeña de la familia Roussel murió y la familia entera cayó enferma. Increíblemente, Helene Jegado siguió trabajando en dicha casa y un tiempo después volvieron a caer enfermos, por lo cual fue finalmente despedida.

De 1841 a 1848 Helene parece haber dejado de envenenar. Ella dijo que había sido tocada por la mano de Dios, y que simplemente había pasado de hoja en el libro de su vida. Sin embargo, aún robaba y bebía.

En 1848 cinco miembros de una familia murieron cuando la acusaron públicamente de haber robado (y bebido) su vino.

Se trasladó a la ciudad de Rennes, donde un niño murió cuando la acusó de robar brandy. Poco después entró a trabajar en una posada llamada “El Fin del Mundo” donde otra de las sirvientes, una joven y bella chica llamada Perrotte Mace, fue envenenada y murió a los pocos días. Helene estaba celosa de ella y, simplemente, se deshizo de su adversaria. Tras las sospechas de que Jegado había tenido algo que ver en la muerte de Mace, fue despedida, pero casi de inmediato la contrató por un profesor universitario llamado Theophile Bidard, quien dijo que Helene era una buena trabajadora pero con un “macabro sentido del humor”. Otra de las sirvientas, Rose, murió y cuando la policía fue a investigar, ella gritó ¡Soy inocente!, lo cual desconcertó a los agentes de la ley ya que aún no la acusaban de nada. Finalmente, la autopsia de tres de las recientes víctimas demostró que habían sido envenenadas con arsénico y a Helene Jegado se le acabó la suerte: Fue condenada a la guillotina y decapitada en 1851.

28 jul. 2011

Marybeth Tinning


Joe Tinning, un analista de sistemas de la planta de General Electric en la cercana Schenectady y su esposa, Mary Beth, eran miembros respetados de varias comunidades de la zona. Se mudaban frecuentemente.
Joe quedó encantado cuando Mary le informó que había quedado embarazada por tercera vez. En diciembre de 1971, nació una pequeña niña, Jennifer. Murió estando todavía en el hospital. Los Tinning estaban comprensiblemente consternados. Sólo más tarde pudieron asegurar los investigadores con un cierto grado de certeza, que la muerte de Jennifer fue la única muerte de los hijos de los Tinning que no era sospechosa. Diecisiete días después de la muerte de Jennifer, el hijo de Tinning, Joseph, de dos años, moría. El 2 de marzo de 1972, Barbara, de cuatro años seguía a su hermano a la tumba. ¡Qué tragedia para soportar una familia! En menos de tres meses, los tres niños habían sido arrebatados a sus devotos padres. Los amigos ofrecían sus condolencias. Los parientes consolaban a los Tinning. Aquellos que conocían a la familia quedaron deleitados cuando, nueve meses más tarde, Mary Beth dio a luz a un varón. Timothy. Su alegría duró poco. Catorce días después de que Timothy entrara a este mundo, moría. La muerte fue atribuida al SIDS (Síndrome de Muerte Repentina en la Cuna).
La preocupación de amigos, parientes y vecinos se convirtieron en rumores susurrados. ¿Era posible que los Tinning estuvieran maldecidos con genes defectuosos que dejan a sus hijos con enfermedades inexplicables?
Un año y medio después de la muerte de Timothy, Mary Beth tenía su quinto niño. Nathan murió el 2 de septiembre de 1975. Por primera vez, los médicos y autoridades locales tuvieron sospechas. Nathan había sido un niño tan saludable. Como en todas las muertes de los Tinning, se realizó una autopsia y, como siempre, la muerte fue atribuida a causas naturales.
Es dudoso que alguna de las autoridades estuviera consciente de que los Tinning habían perdido a cinco descendientes, con una excepción. El Dr. Robert Sullivan, del Schenectady County Medical Examiner, supo de las tragedias que parecían perseguir a la familia como una maldición. Realizó una completa investigación de la muerte de Nathan, pero no pudo encontrar nada malo. Cualquier sospecha que él tuviera eran disipadas por los Tinning quienes insistían en que se realizaran exámenes en todas las muertes de sus hijos. Recuerden, además, los Tinning eran ciudadanos sólidos como una roca. Simplemente tenían mala suerte cuando se trataba de sus hijos.
Misericordiosamente, Mary Beth no tuvo más hijos por tres años y medio. Entonces vino Mary Frances, quien murió a los tres meses y medio. Diez meses después nacía Jonathan. Murió a la edad de tres meses. Los Tinning, culpándose a sí mismos por la pérdida de sus hijos naturales, intentaron quebrar la serie de muertes adoptando un varoncito, Michael. Un año más tarde, en marzo de 1981, Michael moría.
La muerte de Michael fue diferente. Aquí no había genes defectuosos. El niño había sido adoptado. Una autopsia indicó que la causa de la muerte era una neumonía viral. Los pedíatras y asistentes sociales le contaron a la Policía de sus sospechas y sugirieron que si alguno de los hijos futuros de los Tinning muriera, un patólogo forense debía ser llamado al caso. Las autoridades estaban tan sospechosas que lograron que se exhumaran los cuerpos de Timothy y Nathan. No se descubrió ni un ápice de malas acciones.
Pasaron tres años sin novedades. Luego por octava vez, Mary quedó embarazada. El 20 de diciembre de 1985, cuatro meses después de su nacimiento, Tami Lynn moría. Siguió una intensa investigación. No se encontró nada que implicara a Mary Beth, de quien ahora todos sospechaban que mataba a sus hijos. Sin tener en cuenta la falta de pruebas en la serie de muertes, dos detectives tomaron a su cargo recoger a Mary Beth, llevarla a los Cuarteles Centrales de la Policía del Estado en el cercano Londonville e interrogarla exhaustivamente. Después de ser interrogada por 10 horas, Mary Beth confesó haber matado a tres de sus hijos, Timothy, Nathan y Tami Lynn. Fue arrestada y acusada de asesinato.
Después de pasar un mes en la cárcel, Mary Beth fue liberada bajo una fianza de 100.000 dólares. Inmediatamente realizó procedimientos en la Corte para que su confesión fuera consideraba inadmisible en el juicio por asesinato que vendría. Su marido, Joe, quien en ningún momento fue sospechoso de alguna mala acción, estaba comprensiblemente alterado de que su esposa hubiera sido interrogada por un período tan largo de tiempo sin su conocimiento y sin estar un abogado presente.
Mary Beth no tuvo éxito en su pedido de que su confesión fuera declarada inadmisible. En 1987, fue sometida a juicio por el asesinato de Tami Lynn. Durante su juicio, el jurado oyó su confesión como le había sido contada a los detectives. Al describir cómo había asfixiado a Timothy, Nathan y Tami Lynn, dijo, "con una almohada, porque no soy una buena madre".
Mary Beth había dado a los detectives todos los detalles de la noche en que tomó la vida de Tami Lynn. Llegó a la casa a las 8:35 de la noche después de haber estado de compras con una amiga. Su amiga, al igual que su suegra y su suegro, quienes habían estado cuidando el bebé, se fueron a las 9:30. Puso a Tamy Lynn de cuatro meses en la cuna. Mary Beth relató: "Intenté darle la mamadera pero no la quería. Ella alborotó y lloró por una media hora. Finalmente se durmió. Entonces me fui a la cama". Joe vino a las 11 de la noche. La pareja charló por unos momentos. "Estaba por dormirse cuando Tami se despertó y empezó a llorar. Me levanté y fui a la cuna e intenté hacer algo con ella para que dejara de llorar. Finalmente usé la almohada de mi cama y la puse sobre su cabeza. Lo hice hasta que dejó de llorar. Cuando finalmente levanté la almohada, ella no se movía. Le grité a Joe y le dije que Tami no estaba respirando". La confesión fue un escalofriante relato de un asesinato a sangre fría. El 19 de julio de 1987, Mary Beth Tinning fue encontrada culpable del asesinato en segundo grado de su hija Tami Lynn. Fue sentenciada a 20 años de prisión en la cárcel para mujeres en Bedford Hills, N.Y. El abogado Allan Gebell, un miembro del equipo de la fiscalía en el juicio de Mary Beth, me informa que actualmente la mujer está empleada en la guardería de la prisión

15 jul. 2011

Helen Golay y Olga Rutterschmidt



Dwight Emile aún recuerda el día que bromeó con su vecina, Olga Rutterschmidt, una emigrante de origen húngaro que siempre vivió por encima de sus posibilidades. "Olga, un día de éstos te voy a ver en los noticiarios", le dijo Emile, uno de los muchos productores y escritores de música que pululan en Hollywood, sin apenas sospechar que su broma se convertiría en presagio.

"Olga siempre me decía que si no me interesaba hacer algo de dinero extra. Y yo le decía que, si era algo ilegal, que no contara conmigo", recuerda Emile, uno de los testigos que han desfilado por la policía de Los Ángeles para recomponer el guión de una macabra serie de asesinatos cometidos en nombre de la codicia, el más desgastado argumento en las películas de crimen y violencia en Hollywood.

Tras una investigación de casi tres meses, la fiscalía ha decidido presentar cargos por el homicidio de al menos dos indigentes, una acusación que podría conllevar la pena de muerte para Olga Rutterschmidt y su asociada, Helen Golay, dos ancianas que pasaban por almas caritativas y que la prensa sensacionalista ha bautizado bajo el mote de "las viudas negras".

Según la policía, Olga y Helen se hicieron pasar por las novias, primas y tías de Paul Vados y de Kenneth McDavid, de 73 y 50 años respectivamente, dos indigentes que murieron en extrañas circunstancias y con jugosas pólizas de seguro de vida bajo el brazo. Ellas habían suscrito más de 19 pólizas en nombre de ambos. En las fotos distribuidas por la policía, la mayor, Helen Golay, de 75 años, disimula la edad bajo un maquillaje espeso y una frondosa peluca rubia. La otra, Olga Rutterschmidt, de 73, luce una sonrisa perpetua de abuela bondadosa.

Tras conocer a Paul Vados, un inmigrante húngaro igual que ella, Olga Rutterschmidt le propuso en 1997 alquilar un apartamento. Durante dos años, Olga fue una diligente y amorosa amiga que visitó a Paul para ofrecerle compañía, mientras acudía a una larga lista de empresas de seguros para suscribir varias pólizas en su nombre.

Tras el paso de dos años -el mínimo que exigen las compañías para hacer efectivo el pago de una póliza-, Olga invitó a su amigo Paul a realizar un paseo nocturno. A las pocas horas, la policía reportaba el caso de un hombre que había muerto atropellado en las inmediaciones del la Brea Avenue, muy cerca de la Milla Milagro. El caso de Paul Vados, uno de los muchos indigentes que habían pasado a engrosar los archivos de las "muertes por accidente", durmió el silencio de los justos hasta el año 2005, cuando un avispado inspector del FBI vinculó su caso al de Kenneth McDavid, un indigente de 50 años de edad, que había muerto en similares circunstancias.

El caso de McDavid y de su asesina, Helen Golay, permitió sacar a flote las macabras operaciones de estas dos ancianas. Menos puntillosa que su amiga Olga, a Helen se le ocurrió contratar con su nombre real a un servicio de grúas para remolcar la vieja camioneta Mercury que utilizó para arrollar a McDavid la noche del 22 de junio del 2005. Esta sería la pista que permitiría al FBI y a la policía de Los Ángeles detener la carrera criminal de Olga y Helen, dos ancianas que se disponían a cobrar más de 2.7 millones de dólares en pólizas para asegurarse una vejez dorada.