30 ago. 2011

Francisca Gonzalez Navarro




“La Parricida de Santomera”

Francisca González Navarro, de 35 años, ha sido encontrada culpable de haber dado muerte a dos de sus hijos, de 6 y 4 años, asfixiándolos con el cable del cargador de un teléfono móvil, según el veredicto dado a conocer hoy.

Para los miembros del jurado, cinco hombres y cuatro mujeres, la procesada ejecutó el crimen en la madrugada del 19 de enero de 2002, "aunque el plan lo había concebido con anterioridad",
Para ejecutarlo, Francisca "entró en el dormitorio del matrimonio, donde dormían sus dos hijos, y procedió a anudar al cuello de F.M., de seis años, el cable del cargador exigiéndole, al despertarse éste por la agresión, que se diera la vuelta y se pusiera boca abajo, para llevar a cabo su trabajo con mayor facilidad."
Añade el veredicto que el pequeño gritó en petición de auxilio, y aunque sus gritos fueron escuchados por el hijo mayor del matrimonio, de 14 años, "éste no acudió al dormitorio porque conocía que la madre les golpeaba con frecuencia y pensó que también en esa ocasión les estaba golpeando".

Afirman los jurados que "la madre apretó el cable hasta causar la muerte por asfixia a sus dos hijos menores, que, además de las señales características de la estrangulación que presentaban en los cuellos, tenían también otras lesiones en sus caras".

Tras cometer el doble crimen, Francisca González rompió el cristal de una ventana y escondió unas joyas para hacer creer que personas desconocidas habían entrado en la vivienda para robar.
Otras de las acciones realizadas por ella, añade el veredicto, fue "desprenderse de su pijama y meterlo en la lavadora, junto con la camiseta que llevaba el mayor de sus hijos fallecidos, todo ello, en un intento de eludir pruebas".

Los jurados dan por probado que la procesada "se drogaba desde varios años atrás, y que el día de los hechos consumió cocaína y unos fármacos, pero estimamos que no afectó a su consciencia y voluntad".

También recogen que estaba celosa de su marido desde que se enteró de sus infidelidades "e incluso llegó a sentir miedo de él, ya que le pegaba con frecuencia y la maltrataba psíquicamente, pero consideramos que ello no afectó en nada a su voluntad y consciencia".

Tras la lectura del veredicto, el fiscal reiteró su petición de condena, que se eleva a 40 años de cárcel por dos delitos de asesinato, mientras que el letrado de la acusación particular, Evaristo Llanos, además de pedir lo mismo, solicitó a la magistrada- presidente "que no le tiemble el pulso a la hora de fijar la pena y que se haga Justicia". Por su parte, el letrado de la defensa, Cándido Herrero, dijo que "una vez que el jurado ha dado por probados los malos tratos, que se tenga ello en cuenta y no se aplique la ley con el máximo rigor".

Karla Faye Tucker


Karla Faye Tucker era una prostituta, adicta a las pastillas, que bebía como un cosaco. Cuando no estaba haciendo de las suyas, solía estar con Danny Garrett.
El 13 de junio de 1983, por la noche, Karla, Danny y un amigo, Jimmy Leibrant, decidieron que iban a robarle algunas piezas de una motocicleta al joven Jerry Dean. Cuando llegaron al apartamento de Jerry, éste estaba en su habitación pero no estaba solo. Esa tarde, le había acompañado Deborah Ruth Thornton, de 32 años.
Jerry suplicó que lo dejaran en paz, pero en vez de eso, Danny tomó un martillo de entre las herramientas esparcidas por la habitación y le dio un golpe en la cabeza. Karla agarró una piqueta y le asestó a Jerry varios golpes en la espalda. Jimmy Leibrant, viendo que las cosas se estaban yendo de las manos, se marchó. Danny le quitó a Karla la piqueta y remató a Jerry, asestándole un golpe directamente en el pecho. En ese momento, Karla vio a Debbie Thornton temblando debajo de las sábanas y mantas. Karla le dio un golpe con la piqueta y, una vez más, Danny, muy atento, remató a la víctima de Karla. Este par de asesinos pasó desapercibido dos meses. Cuando se jactaron de los asesinatos ante la hermana de Karla, Kari, y su novio, Douglas Garrett, quien precisamente era hermano de Danny, fueron demasiado lejos. Kari y Douglas, temiendo por sus vidas, se pusieron en contacto con la policía.
El 3 de febrero de 1998, Karla Faye Tucker, quien juraba haberse reconvertido en una mujer cristiana, fue ejecutada mediante una inyección letal en Texas. Danny Garrett falleció en 1993 en prisión, a causa de una cirrosis.

25 ago. 2011

Winnie Judd “La Asesina del Baúl”




1931, Phoenix, Arizona (Estados Unidos): Winnie Judd “La Asesina del Baúl” mata a balazos a 2 amigas suyas; luego las descuartiza y las mete en dos baúles para viaje, los cuales transporta hasta la estación de ferrocarriles. Viaja con ellos hasta que es detectada en una estación. Deja su equipaje y huye. Tras una investigación, es arrestada. Se le juzga y sentencia a muerte. Luego de varias apelaciones que demuestran su inestabilidad mental, es recluida en una institución psiquiátrica y sale libre en 1983. Muere en 1998.

15 ago. 2011

Minnie Dean


El 12 de agosto de 1895, Minnie Dean se convirtió en la primera mujer que fue colgada en Nueva Zelanda. Su crimen fue el « cultivo de niños ». Adoptaba niños no deseados por determinada suma y después se deshacía de ellos, un « servicio » que empezó en 1889. La policía cayó sobre Minnie después de seis años y encontró que ciertamente era culpable cuando desenterraron tres cuerpos de niños en su jardín de flores.

4 ago. 2011

Helene Jegado


No sabía leer ni escribir, y tampoco había mucha lógica detrás de sus asesinatos. Siempre que alguien la ofendía en una disputa o la acusaba de haber robado algo (tenía fama de cleptómana), inevitablemente esta persona terminaba muerta. Después, se encargaba de cuidar a la víctima en su agonía y lloraba amargamente cuando llegaba su fin, uniéndose a la familia del muerto en los lamentos y rezos como si se tratara de su pariente.

Helene Jegado nació alrededor de 1803 en Bretaña, Francia. Para cuando tenía 7 años, sus dos padres habían muerto. Entonces fue enviada a la casa del pastor local donde dos de sus tías trabajaban como sirvientes y estuvo ahí hasta que cumplió 24 años, que fue cuando comenzó su carrera como envenenadora.

Trabajó como cocinera y doméstica en 12 diferentes ciudades, donde tenía acceso a la comida de la familia a la que servía, y la cual aderezaba con arsénico. Helene al parecer no discriminaba. Mataba hombres, mujeres y niños por igual.

A pesar de la mala reputación que iba dejando a su paso, siempre lograba conseguir empleo. Cuando estuvo trabajando en la ciudad de Guem, envenenó a 7 personas, y a tres más antes de dejar la ciudad, no sin que algunos sospecharan que tenía algo que ver. Cuando un juez la interrogó al respecto, ella dijo que su desgracia era cuidar de los enfermos, y que esa mala suerte la perseguía. Fue exonerada rápidamente.

Se trasladó a la ciudad de Locmine donde trabajó para una familia. Pronto murió la madre y uno de los hijos cayó enfermo. Se dice que le confesó a una de las hijas antes de que la madre muriera) que esperaba que falleciera. “Yo llevo la muerte conmigo”, dijo Helene.

Después entró en un convento, pero fue expulsada pronto, acusada de haber roto las sábanas de todas las camas, pero ella dijo que la habían rechazado porque era demasiado vieja para aprender a leer y escribir.

Su siguiente empleadora, Hippolyte Roussel, le preguntó un día a Helene si ella había tomado el paraguas de otro de los sirvientes, y la mujer cayó enferma con severos vómitos tras comer una sopa que le preparó Helene. Cuando la policía le preguntó acerca del asunto, ella respondió que la mujer hubiera enfermado aún cuando no tomara su sopa, y cuando le preguntaron por qué apenas podía caminar, ella respondió que antes de tomar la sopa tampoco podía hacerlo. Tenía una gran facilidad para escapar de la ley, y poco después de este interrogatorio, la hija más pequeña de la familia Roussel murió y la familia entera cayó enferma. Increíblemente, Helene Jegado siguió trabajando en dicha casa y un tiempo después volvieron a caer enfermos, por lo cual fue finalmente despedida.

De 1841 a 1848 Helene parece haber dejado de envenenar. Ella dijo que había sido tocada por la mano de Dios, y que simplemente había pasado de hoja en el libro de su vida. Sin embargo, aún robaba y bebía.

En 1848 cinco miembros de una familia murieron cuando la acusaron públicamente de haber robado (y bebido) su vino.

Se trasladó a la ciudad de Rennes, donde un niño murió cuando la acusó de robar brandy. Poco después entró a trabajar en una posada llamada “El Fin del Mundo” donde otra de las sirvientes, una joven y bella chica llamada Perrotte Mace, fue envenenada y murió a los pocos días. Helene estaba celosa de ella y, simplemente, se deshizo de su adversaria. Tras las sospechas de que Jegado había tenido algo que ver en la muerte de Mace, fue despedida, pero casi de inmediato la contrató por un profesor universitario llamado Theophile Bidard, quien dijo que Helene era una buena trabajadora pero con un “macabro sentido del humor”. Otra de las sirvientas, Rose, murió y cuando la policía fue a investigar, ella gritó ¡Soy inocente!, lo cual desconcertó a los agentes de la ley ya que aún no la acusaban de nada. Finalmente, la autopsia de tres de las recientes víctimas demostró que habían sido envenenadas con arsénico y a Helene Jegado se le acabó la suerte: Fue condenada a la guillotina y decapitada en 1851.